
Primavera primera
En la estantería mis primeras piezas. Mis primeras novelas en las que, en el espacio en blanco entre línea y línea, aprendí a modelar la arquitectura del dolor; en las que desollé la infancia en las largas noches de invierno; en las que dibujé con saliva mis dedos de papel; en las que heredé para siempre la tinta con que está hecho el cielo nocturno; en las que se me condenó a esperar el largo tren del olvido por venir; en las que la lencería futura de tus senos aún no era hoja de morera del árbol todavía no plantado.
Mi primer vaso del primer escarceo infantil fuera de mi barrio. Mi primer lapicero amarillo en el que enterré con la parafina de los lápices el primer gran amor adolescente. Mi primera copa donde, ya licenciado, bebí el día que abandoné la casa paterna en un viaje sin vuelta hacia la remembranza. Y la copa medio llena de mi quincuagésimo cumpleaños en la que bebo ahora las palabras que me nombran y te llaman.
Aun así, pongo flores cada día como si siempre fuera la primavera primera.