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lunes, 3 de enero de 2011

Microrrelatos




















Queridos Reyes Magos:

Creo que no me he portado bien este año. He llegado tarde en ocasiones al trabajo, retardando el café, como queriendo  recuperar el tiempo que  me robaron. Tampoco he agilizado  documentos pendientes o he dejado para otro día trámites, a veces, de importancia para ésos otros que se sientan al otro lado de mi mesa. He vagabundeado mucho, solitario,   por una ciudad triste, desolada como es triste y desolado  un portal sin vecinos.
¿Y sabéis qué? Hoy  no me acobardó  ni la mirada inquisidora del jefe, ni las luces frías de la navidad.
Hoy mis ojos se han encendido con una luz nueva: hoy he decidido no ir  a trabajar porque estoy enamorado
Javier Duarte

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Microrrelatos















Dos luceros


Las pasadas Navidades empecé a leer cuentos  a los dos hijos de mi actual mujer. Hacía tanto que no sentía   el aliento y la comprensión; y mucho tiempo también, sin recordar aquel olor a plastilina, a lapicero recién afilado y “vickvaporus”. En el silencio reposado de los niños, mi voz retumbaba en la habitación y a medida que el cuento avanzaba, yo sabía que mis palabras, poco a poco, se  iban difuminando en el paisaje perdido de sus  párpado hasta que, por fin,  sentía sus respiraciones muy lejos fuera de este mundo.  Por la mañana, volvía a la cárcel y allí  me afanaba en buscar una nueva  historia para los “peques”  o le pedía al profesor de Braille que me aconsejara. Al atardecer, buscaba la salida, de vuelta a mi casa, intentando olvidar  la oscuridad  de mi vida pasada; y deseoso de que llegara la noche para contar un nuevo cuento a mis dos pequeños luceros.


Javier Duarte

miércoles, 26 de mayo de 2010

Microrrelatos (10)




Por si alguna vez...ocurre
A lo más que su memoria podía remontarse era que su hermanito tenía dos años y él cuatro. No sabe por qué o cómo lo sabía pero recordaba más las dos primaveras de él que sus cuatro inviernos.
Pasaron veinte años y su hermano creció bello con esa sonrisa dulce a la que las palabras se arriman como la abeja a la miel.
Toda nuestra juventud le vi rodeado de las chicas más guapas e increíbles a las que yo no nunca podría haber aspirado. ¡Tanto encanto tenía mi hermanito dos años menor que yo! Encanto en el gesto que lanzaba como un boomerang de brisa marina; encanto en la manera de conversar y repartir razones y atenciones a todas sin excepción.
Cuando no está en su estudio de pintura anda en una cantina con una o de viaje con otra o en una exposición en tal ciudad con la de más allá. Pienso que de alguna manera de todas ellas llega a enamorarse.

Yo jamás me enamoré. Sé lo de las mariposas en el estómago y lo de perseguir a alguna chica de esquina en esquina.

Sin embargo, no pierdo la esperanza. Sigo yendo a los recitales de poesía y solicitando una dedicatoria al autor. A menudo voy a conferencias para que, al final, el autor me firme uno de sus libros. Leo en los periódicos, en la agenda cultural, por si un poeta o novelista viene a la ciudad y esperar al maravilloso momento tras el coloquio.

No pierdo la esperanza aún. En las decenas de libros firmados que tengo apilados en las estanterías siempre hay un nombre de mujer distinto por si alguna vez...ocurre.


Autor: Javier Duarte

sábado, 10 de abril de 2010

Microrrelatos (9)




El partido del siglo


Juegan el Real Madrid y el Barcelona esta noche. Dicen que es el partido del siglo, de nuevo. Estúpido de mí que ando perdido en la belleza eterna de un poema hermoso frente al mar. Ronaldo contra Messi. Ingénuo de mí que miro la brevedad de tus ojos que fueron mis ojos en esta tierna puesta de sol. Tras el partido muchos brindarán con olvidos, otros harán dribbling con la pequeña gloria del instante. Lástima de mí que no tenga más olvidos que siglos.

Autor: Javier Duarte

domingo, 4 de abril de 2010

Microrrelatos (8)




Matarse o morir de olvido.


Fumar es la causa de una muerte lenta y dolorosa. No lo sabía en aquel primer cigarrillo en la parte deshabitada y candada de la casa del pueblo cuando era pequeño. Tampoco ahora, de adulto y con la similar melancolía descorazonada, acodado en la baranda del puerto, miro cómo las gaviotas desgarran tu corazón y cómo las olas erosionan el casco de tu bote ya sin nombre. Deberían anunciar en las cajetillas de tabaco que amar puede matar lentamente el corazón o hace morir de olvido.
Autor: Javier Duarte

sábado, 20 de marzo de 2010

Microrrelatos (7)




Conozco la verdad

Cuando era un niño y jugaba con la cometa en el descampado de al lado de mi barrio, en el establecimiento vendían regaliz fino por tiras y regaliz rojo y negro más grueso; raspa de dulce envuelto en cucurucho de estraza y todo tipo de delicias infantiles.

En la adolescencia, la tienda se convirtió en librería-papelería y aquel lugar donde me gustaba entrar para ver las cartulinas de colores, el papel charol, los tebeos y el olor a libro nuevo y a pegamento imedio.

Al terminar la universidad y el servicio militar, un cartel de neón que enmarcaba todo el local, anunciaba "inmobiliaria". Ahora la vida era sólo emancipación y futuro. Así que me fui y en alguna carta recibida me contaron que fue también droguería-perfumería, luego vinatería.

Muchos años después, he vuelto a mi ciudad, a mi barrio y ahora la tienduca vieja no tiene dueño. Está empapelada de carteles de "se vende", "se alquila", arruinada. Y sin embargo, ahora sé la verdad.



Autor: Javier Duarte

viernes, 5 de marzo de 2010

Microrrelatos (6)



¿Fue Google?


Carlos era un hijo tímido, inquieto y obstinado. El 28 de junio del 2008, según su madre, su hijo Carlos se había levantado muy, muy temprano esa mañana. "¡Este niño cambia las horas de estudio cada dos por tres y va a cambiar también los hábitos de toda la familia. No hay quien pueda dorimir !" se quejaba amargamente el padre a su esposa que, rotando el cuerpo hacia la pared contraria, se abstuvo nuevamente de decir nada.

A la mañana siguiente, los padres descubrieron el cadáver de su hijo colgado del gancho jamonero en la bodega de la casa. Después, la policía encontró un documento en el escritorio del ordenador que decía "No encontré las respuestas".

Según la policía, en el historial de páginas visitadas por el finado esa madrugada había un listado interminable de palabras que no existían. Todas en Google.
Autor: Javier Duarte


viernes, 5 de febrero de 2010

Microrrelatos (5)



El esquema de la vida (Autor: Javier Duarte)


Abrí la puerta de casa y cerré con un descuidado portazo. Apreté el botón de llamada del ascensor. Con el ruído de maquinaria antojadiza tardé unos treinta segundos ( cinco menos que otras veces a mi parecer ) en llegar al rellano con cara de pingüino perdido.


Catorce horas después, ya enfundado entre las sábanas de mi cama, rememoré el instante de por la mañana y me di cuenta que en eso consistía la vida: abrir y cerrar los ojos; llamar con palabras o decir el nombre de una mujer durante unos años; y por fin, bajar al sótano de los años y perderse por las melancolías de la vida mientras la estela de un avión flota en el cielo.


martes, 26 de enero de 2010

Microrrelatos (4)




Oferta de trabajo (Autor: Javier Duarte)
En las páginas color salmón del periódico local encontré el siguiente anuncio laboral:
“Empresa de gestión busca persona con dominio de inglés, conocimientos de informática, experiencia en el sector y dotes de comunicación. Inútil presentarse sin requisitos”.
A continuación, constaba la dirección donde enviar el currículum, las retribuciones e incentivos a percibir y el nombre de la empresa.
Esa misma mañana, me salté el cafelito diario con el pincho de tortilla de puerros con gambas en el bar de la esquina,
Abandoné una segunda colada en el cesto de la ropa, dejé colgada la partida de póker de la sobremesa con el consiguiente cabreo de los amigos y a eso de las 19.30 me enganché al televisor para ver “El diario de Patricia”.
Finalmente, todavía con el chándal sobre el pijama, salí a la calle, currículum en mano, hasta la boca famélica del león de Correos. Luego, con gozo infantil y hambriento, me metí en un McDonald.
El día de la entrevista (porque me llamaron al mes y medio) me puse el mismo traje de todas las celebraciones y repasé mi cara con un doble afeitado.
-Buenos días. ¿Habla usted inglés?
-No, señor. Bueno, “good morning” y cosas como esas.
-¿Conocimientos de informática?
-Bueno, de vez en cuando “chateo” y hago “sudokus”.
-¿Experiencia en el sector?
-En sectores y vectores.
-¿Dotes de comunicación?
-Hablo por los codos, señor.
-¿Pero en el anuncio no constaba claramente “Inútil presentarse sin requisitos?”
-Claro, claro, me presentaba por eso mismo: “Inútil, presentarse sin requisitos.”

Microrrelatos (3)




Cuatro amigas (Autor: Javier Duarte)


El 30 de junio de 1989, unos meses antes de la caída del muro de Berlín, Sara, Maribel, Dolores y yo, nos reunimos en la cafetería de la Facultad después de recoger las notas de nuestro último año de carrera.
De la alegría de los aprobados, de los recuerdos de estos cinco años, de los cotilleos sobre los profesores, de los momentos buenos y malos, pasamos pronto a una decaída tristeza: Sara viajaría a Madrid a hacer un master en publicidad; Maribel había conseguido un puesto de lectora con una beca en una universidad americana; Dolores, la más loca de todas, pasaría los tres meses del verano en Londres trabajando en un hotel por la mañana y enseñando español por la tarde, en casa de unos amigos de sus padres.

Y para desviar la atención sobre mis planes inciertos para el futuro, saqué una foto de las cuatro y les propuse: “Mirad, para no olvidar nuestra amistad, voy a romper esta postal en cuatro pedazos, uno para cada una. En el año 2000, este mismo día, a esta misma hora (o sea a las 12.22), en esta misma cafetería, nos juntaremos todas de nuevo ¿qué os parece?”. Todas rieron y aceptaron, y poco después nos despedimos.
El 30 de junio del año 2000, el día convenido, a la hora convenida, en el lugar convenido nadie acudió a la cita.

Bueno, nadie excepto yo. Esa misma tarde me metí en un cine y a la salida, me propuse sacar las oposiciones.

lunes, 25 de enero de 2010

Microrrelatos (2)




Un hombre raro (Autor Javier Duarte)


Soy un hombre peculiar. Yo diría que hasta raro. Nací un mes de noviembre obstinadamente cálido el día que mi madre se puso de parto cuando completaba, en internet, el test de la muerte:“¿Quieres saber cuánto tiempo te queda de vida?” Mi madre se llamaba Vanesa Inés aunque mirando las fotos de familia con dedicatorias, o su correspondencia, o mis notas del colegio, ella siempre firmó con alguna otra letra alterada: Vannesa, Vanessa, Vannessa, Vanesha. Siempre creí que ocultó Inés por alguna tara familiar merecedora del olvido.

Los nueve meses de vómitos provocados por el embarazo cesaron en la pregunta del test número catorce, sin un marido que le estrechara una mano compasiva y terminal. No salió viva de la sala de partos, segura de que fue consciente de que el test se había confundido nuevamente.

Me tocó nacer solo; me avocó a crecer rehuyendo la compañía de los chicos de clase, y a la postre, me hizo elegir la soltería para no heredar unos hijos antojadizos, ni discutir con una esposa, transcurrido el dulce delirio de la luna miel.

Han pasado muchos años. Colecciono bolsas de vómitos de los aviones, de autocares de línea y de farmacias.
Colecciono también sobres de facturas, publicidad, avisos de bancos con mi nombre a los que les faltan, añaden o cambian una letra. Me llamo Jonathan Jódar.

En este mismo momento, mientras como una lata de berberechos caducada, estoy haciendo el “Test de la muerte”: pregunta catorce. Creo que empiezo a sentirme mal.



jueves, 22 de octubre de 2009

Microrrelatos (1)





(Autor: Grabiel García Márquez )


"...el drama del desencantado que se arrojó a la calle desde el décimo piso, y a medida que caía iba viendo a través de las ventanas la intimidad de sus vecinos, las pequeñas tragedias domésticas, los amores furtivos, los breves instantes de felicidad, cuyas noticias no habían llegado nunca hasta la escalera común, de modo que en el instante de reventarse contra el pavimento de la calle había cambiado por completo su concepción del mundo, y había llegado a la conclusión de que aquella vida que abandonaba para siempre por la puerta falsa valía la pena de ser vivida".