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martes, 26 de febrero de 2013
Poesía
Las montañas .
Poema de Lêdo Ivo
Las montañas caminan por el paisaje
y me rodean mientras duermo.
y cuando duermo sueño con las montañas.
Intento alcanzarlas, pero mis manos también sueñan.
Todo en mí sueña mientras duermo
mi sueño de piedra.
Sueño que también las montañas sueñan.
Sueño que las montañas sueñan conmigo que sueño.
Soy el sueño de las montañas. Y cuando me despierto
vuelvo a soñar y me transformo en montaña.
Plenilunio. Lêdo Ivo. Ed. Vado Roto. 2010.
miércoles, 13 de febrero de 2013
Poesía
PALABRAS COMO AVISPAS
Raras son las palabras que oscurecen,
las que terminan siendo doblegadas.
A menudo van raudas, sigilosas
como acuden las avispas al polen;
en la tormenta siempre furibundas.
Aletean fieras en nuestras mentes
como aguijones que nos amenazan
con clavarnos el máximo veneno,
así nos envenenamos nosotros
con el fulgor de los amaneceres.
Las veo apuntando al centro,
todas, justo en tropel, con sus antenas
trazando un ocho poderoso
como el filo de mágicas palabras.
Y encuentran su panal en la Gramática,
su blanco fijo en el flaco adjetivo.
En cada una se esconde una protesta,
una forma aguda en desequilibrio.
De nuestras bocas salen aguijones,
formas atormentadas de abandono.
Es un poema de Jesús Cárdenas Sánchez.
sábado, 26 de enero de 2013
Poesía
Edward Estlin Cummings
En algún
lugar al que nunca he viajado,
felizmente más allá de toda experiencia,
tus ojos tienen su silencio:
En tu gesto más frágil hay cosas que me rodean
o que no puedo tocar porque están demasiado cerca.
Con solo mirarme, me liberas.
Aunque yo me haya cerrado como un puño,
siempre abres, pétalo tras pétalo mi ser,
como la primavera abre con un toque diestro
y misterioso su primera rosa.
O si deseas cerrarme, yo y
mi vida nos cerraremos muy bella, súbitamente,
como cuando el corazón de esta flor imagina
la nieve cayendo cuidadosa por doquier.
Nada que hayamos de percibir en este mundo iguala
la fuerza de tu intensa fragilidad, cuya textura
me somete con el color de sus campos,
retornando a la muerte y la eternidad con cada respiro.
Ignoro tu destreza para cerrar y abrir
pero, cierto es que algo me dice
que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas...
Nadie, ni siquiera la lluvia tiene manos tan pequeñas.
viernes, 28 de diciembre de 2012
Poesía
Lêdo Ivo
El corazón de la libertad
Estuve, estoy y estaré
en el corazón de la realidad,
cerca de la mujer que duerme,
junto al hombre que muere,
al lado del niño que llora.
Para que yo cante, los días son momentáneos
y el cielo es el anuncio de un pájaro.
No me alejaré de aquí,
de la vida que es mi patria,
y pasa como las águilas en el sur
y permanece como los volcanes apagados
que vomitan un día sueño y primavera.
Mi canción es como la vena abierta
o una raíz central dentro de la tierra.
No me alejaré de aquí, ni traicionaré nunca
el centro maduro de todos mis días.
Sólo aquí los minutos cambian como las playas
y el día es un lugar de encuentro, como las plazas,
y el cristal pesa como la belleza
en el suelo que huele a creación del mundo.
Adiós, hermetismo, país de muertes fingidas.
Bebo la hora que es agua; me refugio en la estancia
cuando la aurora es mezcla de rocío y estiércol, y estoy libre, me siento final, definitivo
como el tiempo dentro del tiempo, y la luz dentro de la luz
y todas las cosas que son el centro, el corazón
de la realidad que fluye como lágrimas.
en el corazón de la realidad,
cerca de la mujer que duerme,
junto al hombre que muere,
al lado del niño que llora.
Para que yo cante, los días son momentáneos
y el cielo es el anuncio de un pájaro.
No me alejaré de aquí,
de la vida que es mi patria,
y pasa como las águilas en el sur
y permanece como los volcanes apagados
que vomitan un día sueño y primavera.
Mi canción es como la vena abierta
o una raíz central dentro de la tierra.
No me alejaré de aquí, ni traicionaré nunca
el centro maduro de todos mis días.
Sólo aquí los minutos cambian como las playas
y el día es un lugar de encuentro, como las plazas,
y el cristal pesa como la belleza
en el suelo que huele a creación del mundo.
Adiós, hermetismo, país de muertes fingidas.
Bebo la hora que es agua; me refugio en la estancia
cuando la aurora es mezcla de rocío y estiércol, y estoy libre, me siento final, definitivo
como el tiempo dentro del tiempo, y la luz dentro de la luz
y todas las cosas que son el centro, el corazón
de la realidad que fluye como lágrimas.
Mi patria
Mi patria no es la lengua portuguesa.
Ninguna lengua es la patria.
Mi patria es la tierra blanda y pegadiza donde nací
y el viento que sopla en Maceió.
Son los cangrejos que corren por el lodo de los manglares
y el océano cuyas olas siguen mojando mis pies cuando sueño.
Mi patria son los murciélagos colgados del techo de madera de las iglesias carcomidas,
los locos que bailan al atardecer en los hospicios junto al mar,
y el cielo encorvado por las constelaciones.
Mi patria son las sirenas de los barcos
y el faro en lo alto de la colina.
Mi patria es la mano del mendigo en la mañana radiante.
Son los astilleros podridos y los cementerios marinos donde mis antepasados tuberculosos
y palúdicos no paran de toser y de temblar en las noches frías
y el olor del azúcar en los almacenes portuarios
y los mújoles que se debaten en las redes de los pescadores
y las ristras de cebolla enrolladas en la tiniebla
y la lluvia que cae sobre los corrales de pesca.
La lengua que utilizo no es ni nunca fue mi patria.
Ninguna lengua engañosa es la patria.
Sólo sirve para que yo celebre mi grande y pobre patria muda,
mi patria disentérica y desdentada, sin gramática y sin diccionario,
mi patria sin lengua y sin palabras.
(Tr. de Francisco Álvarez Velasco)
(Tr. de Francisco Álvarez Velasco)
lunes, 10 de diciembre de 2012
Poesía
NOCHE
Solas, alma y la luna,
en la cornisa de la medianoche.
Una sombra de aliento sorbida a cucharadas.
Un colar de azabache
para el silencio ronco de mis brazos desnudos.
Polvo de hadas goteando desde el cielo
unos instantes.
Y luego, otra vez, nada. Luces manoseadas y sombrías.
Es un poema de Julia Conejo Alonso, de su libro Peces transparentes, Premio Alfons El Magnànim “Valencia” de Poesía en castellano, Hiperión, 2012.
jueves, 16 de agosto de 2012
Poesía

LA PUERTA
Muy poco
se ha hablado
de la puerta, una de
sus caras vuelta hacia el aguacero
de la noche, y la otra
hacia la mudez y el resplandor de la lumbre.
El aire, encerrado
tras esta portada
en el libro del cuarto,
se llena con las páginas
sucesivas de oscuridad y fuego mientras
el viento empuja los paneles, o agita la llama.
No sólo
el rompeolas
de la tormenta, sino la súbita
frontera de nuestras coincidencias, apariciones,
y en su ofrecimiento de espacio
tan generosa como la vista a través de un dolmen.
Pues las puertas
son a un tiempo marco y monumento
al tiempo que transcurre,
y muy poco
se ha hablado
de nuestras idas y venidas a través de ellas.
Es un poema de Charles Tomlinson, del libro En la Plenitud del Tiempo, traducción de Jordi Doce, Nómadas, Gijón, 1994.
viernes, 29 de junio de 2012
Poesía
Melancolía
Teje la noche
su blanca escarcha,
pasan los hombres,
queda el dolor.
Cantan su pena
tristes las cosas,
el son del viento
dice un adiós.
Nada se pierde,
todo se encuentra
entre las fibras del corazón.
****
Madrugada
Jardín en sombra ardiente.
La terca luz regresa dibujando las hojas.
Arrancando destellos de la piedra dormida,
el agua de la fuente susurra su lamento.
Desnudando misterios,
llega la madrugada.
Y en ese mismo instante, ruidosos y agitados,
la ciudad y los hombres consuman sus rituales,
semáforos en rojo aturden la arboleda,
la muchedumbre amarga sin rumbo se apresura.
Hay un loco sentado en un banco del parque,
contemplándolo todo
con mirada perdida.
Es un poema de Jesús Aller, de su libro Los dioses y los hombres, Oviedo, KRK, 2012.
Poesía
LAS TRAVESURAS
Hay ruidos en la calle
que preferirías no escuchar desde tu mesa,
encienden en tu cuerpo viejas luces tristes.
Cada lunes es muy sano asumir
que te has ido, que no resiste tu boca
esperarla más a las cinco bajo el Roble.
La nostalgia cabe en su mano,
y te culpas por haber soñado que soñabas
con soñar sobre su pubis.
Las frases que pronuncia
el atormentado que crees conocer,
las que nombraban tan bien los días felices
que alguien olvidó tachar
de tu almanaque,
reposan al borde del camino.
Lo mismo que aquellos mineros acribillados.
El que escribe que la existencia no basta para
acostumbrarnos a ella, que el amor te retiene
con sus muslos cerrados y blancos y tibios
y anochece temprano
voto a bríos que no é un fingidor.
Tampoco es difícil pensar que si una vez
el delirio, profusamente, mojó sus cabellos
por qué no iba a terminar ahora
de calentar con veneno la comida.
En sus ratos libres se esconde a la sombra
de algo, no se para a dilucidar su futuro.
Mientras, tú cruzas
las piernas que no tienes para mitigar
las manías y toses con decoro.
Mientras, bajo tu glotis hay burbujas y mimos.
Él dice: bombonero de oxígeno, no te tardes
que me muero, o no es eso lo que dice.
Es un poema de Luis Miguel Rabanal, de su libroMúsica para torpes, Tenerife, Baile del Sol, 2012.
viernes, 18 de noviembre de 2011
Poesía
Parece que ha sido ayer
cuando soñaba con otros mundos
al abrigo de los avellanos.
Allí, en aquel bosque oscuro,
con el rumor del agua entre las piedras
y el cielo dibujándose
en jirones bajo las ramas,
más de una vez soñé con lo imposible.
Hoy regreso temblando de esperanza
para encontrarme un matorral impenetrable.
Un río escaso de sangre
y un silencio tenebroso
estallándome en los oídos.
Cierro los ojos
para que nazca luz en la mente.
mas intuyo un rebaño
de lobos negros en la portalada,
con larguísimos dientes de nieve
clavándoseme en las entrañas.
Infinito es el invierno que me habita.
Es un poema de Armando Vega Rodríguez: de su libro Les hores escrites / Las horas escritas, Gijón, Yaganes, Colección “Elogio del horizonte”.
Es un poema de Armando Vega Rodríguez: de su libro Les hores escrites / Las horas escritas, Gijón, Yaganes, Colección “Elogio del horizonte”.
martes, 18 de octubre de 2011
Poesía
La metamorfosis
A veces entreveo en algún gesto
a quien no eres aún, y me da vértigo
sorprender a mi lado a la mujer
que algún día serás, dulce muchacha.
Da vértigo aprender qué pasa, el tiempo
(mañana no vendrá la que hoy te fuiste)
se evapora y los besos que no atreves
como versos que olvidas anotar.
Da vértigo pensar en si te quiero
como ahora, o si quiero a esa mujer
que asoma en tu mirada, en si me asusta
entenderte aún mas lejos, transformada
en alguien que no entiende a este muchacho
que no habla y se asusta cuando mira.
Es un poema de Rodrigo Olay, de su libro Cerrar los ojos para verte, Premio “Asturias Joven de Poesía” 2010, Oviedo, Universos, 2011.
lunes, 17 de octubre de 2011
Poesía
Esta dulce mentira siempre hambrienta
no me da nada a cambio.
Cierro los ojos.
Salgo sin manzana y sin agua a la vida
cómo un tránsito obligado.
no me da nada a cambio.
Cierro los ojos.
Salgo sin manzana y sin agua a la vida
cómo un tránsito obligado.
Mi perro entiende mejor esto.
Paseo por la misma calle cada mañana
y veo un ciego caminando muy deprisa.
Paseo por la misma calle cada mañana
y veo un ciego caminando muy deprisa.
Tengo los ojos abiertos y el dolor acude a ellos.
Las lágrimas caen sumisas en el pavimento.
Hay un charco de preguntas.
Mi perro orina en él,
entiende que eso es la vida.
Cierro los ojos.
Las lágrimas caen sumisas en el pavimento.
Hay un charco de preguntas.
Mi perro orina en él,
entiende que eso es la vida.
Cierro los ojos.
Aún busco algo de caridad en la belleza,
busco en la inquietud anegada por el hambre.
Hoy el ciego camina más lento y roza mis párpados:
Ha dejado caer una manzana.
Es un poema de Cecilia Quílez, de su libro Vísteme de largo, Madrid, Calambur, 2010.
sábado, 17 de septiembre de 2011
Poesía
La tapia
Hay un hueco en la tapia
que no escalé de niño.
Sólo se ve un manzano
con frutos inmaduros.
No me alzaré. Presiento
que el dueño, al otro lado,
está esculpiendo el friso
que narra mi nostalgia.
Pelayo Fueyo. El cielo de las cosas. Oviedo
jueves, 8 de septiembre de 2011
Poesía
Aniversario
Tú no comprenderás
para qué he vuelto.
Tal vez, ahí tendida,
no comprendes
nada de lo que vive.
Yo he vuelto, sin embargo,
para hablarte otra vez.
(Está mojada
y limpia la colina.)
Aún te pienso
con el rostro de siempre
y los cabellos, en su reino
de humo, un poco grises.
No tengo ojos
para más. Tal vez
no eres así y eso es la muerte.
He vuelto para hablarte.
Estoy aquí. Tú no comprendes
nada. Te he olvidado
tanto y he podido
olvidarte tan poco.
Estoy alegre: a veces
no me acuerdo de ti
(¿también esto es la muerte?).
No sé si me comprendes,
ni siquiera
si estás aquí o resbalas
por un aire que nunca
pesó sobre mi boca.
(La colina está quieta
sin embargo, igual bajo su cielo
como entonces.)
Mas óyeme si puedes.
Un día como hoy
cayó la nieve,
arrebatada fue. Yo cumplo,
inútilmente, el rito. Pongo
esta lápida aquí. Pero no importa;
no puedes comprenderme.
Todo ha sido cortado.
Punto Cero (1953-1979). A modo de esperanza. José Ángel Valente. Ed. Seix Barral.1980.
sábado, 6 de agosto de 2011
Poesía
A las siete y dos de la mañana se apagan las luces de la ciudad
y por un momento las sombras no se ajustan
y hay una incertidumbre entre las farolas
que todavía guardan el calor de la bombilla
que las calentó durante la noche.
Las calles y los bares cercanos a la estación de tren y a la de autobuses
están llenos de jóvenes que vuelven de la marcha.
Hay parejas que se besan en medio de las aceras,
grupos sentados bajo las marquesinas de los cafés,
parejas que caminan cogidos fuertemente,
jóvenes vacilantes que salen de los clubes,
alguien sentado en una acera esperando no sabe muy bien a quién,
un grupo de jóvenes descalzas llevando los zapatos de tacón alto en la mano,
dos chiquillas abrazan a un joven,
una pareja se besa con fuerza,
alguien se mira en un espejo y no se reconoce.
Varios grupos caminan hacia el mar, a la playa de Poniente
a amarse en la arena,
otros van hacia la estación a que salga el primer tren de la mañana
que les llevará a la realidad de su mundo cotidiano, a su pueblo, a su casa.
Algunos volverán igual que salieron,
otros se encontrarán con los bolsillos vacíos y un frío hondo,
otros habrán descubierto la herida del amor,
la mayoría se dormirá durante el trayecto y al despertar
sentirá un amargo sabor de boca y un dolor de cabeza.
Pero son jóvenes, la noche ha sido suya,
la han conquistado, han vivido cada minuto de ella
y eso les hace inmortales, o eso creen.
Una brisa suave pasa entre estos cuerpos llenos de vida,
perfumados de humos, de alcohol, de deseo.
Alguien pasa junto a esos cuerpos tumbados en la arena de la playa,
tocados de una luz incierta,
rodeados por los chillidos de las perseverantes gaviotas,
con el mar respirando también incansable
y siente una honda melancolía: él también fue joven,
también esperó el nuevo día en una playa y ahora es un viejo que pasa,
como una sombra, sin que nadie lo vea.
Es un fragmento de libro de Hilario Barrero Brooklyn blanco y negro (Diario 2008-2009), Mieres, Universos, 2011.
viernes, 1 de julio de 2011
Poesía
ORIGAMI
¿Sabes es vértigo al doblar un papel
sin saber si será un pájaro o un velero?
Como el de hacer una nube con palabras
que resuman un año en el mundo,
una noche sencilla
Sofía Castañón. Aplicaciones de la teoría perturbacional.
viernes, 24 de junio de 2011
Poesía
INTERMITENTES HOMBRES Amé, fui rechazado y desaparecí.
Me abandonó una mujer que, conforme se despedía, borraba mi cuerpo.
Su ausencia me volvió invisible.
Acudí al trabajo, donde hice las tareas de costumbre, pero nadie pudo notar mi presencia;
entré sin ser visto en los lugares concurridos de siempre.
Ningún familiar o conocido sufriría por perderme,
porque también mi pasado se evaporó en sus recuerdos.
Encontraron mi imagen en los álbumes
y sólo distinguieron un fondo de vegetación indefinida.
Los amigos se acercaron a mí como si atendieran a un bloque de aire.
Mi sufrimiento se apretó en una ráfaga con que tocaba
a quienes me habían acompañado antes del eclipse.
La soledad era pasar por debajo de aquellas ropas.
Años más tarde, quise a otra mujer.
Ella retuvo el soplo del que surgieron dos brazos y piernas, unos labios pegados a los suyos. Saqué mis zapatos escondidos detrás de los arbustos, y regresé despac
io a las fotografías.
Y, cordiales, todos nos miramos envejecidos con naturalidad.
Francisco Javier Irazoki
sábado, 18 de junio de 2011
Poesía
Réquiem provincial
En la bondad de estas ruinas no hemos encontrado flores.
Sólo era esperanza lo que se veía en gris,
sólo era ceniza lo que se amasaba en las cenizas
y el olor aparente de los panes tostados
venía de cientos de recuerdos más atrás.
Creaban por aquel entonces los insectos
vuelos monógamos en nuestros jardines,
creaban consuelos alados
en las claves doradas de nuestros pistilos,
en nuestras alianzas engastadas
en los huecos filamentados del ayer.
Es así, singular como el retrato
del maestro en la memoria,
apetecible como el regreso del trigal a nuestro hacer.
Rafael Saravia, de su libro Llorar lo alegre, Bartleby Editores, 2011.
viernes, 27 de mayo de 2011
Poesía
OPOSITOR
(a una bibliotecaria)
No te ríes jamás. Eres sosísima.
Ir a la biblioteca es un dolor.
Pienso probarlo todo, todo por contemplar
tras tus labios sangrientos de arrecife,
el fulgor abisal, el ordenado
banco de pececitos de marfil
de tus dientes perfectos y monótonos.
Voy a hacerte reír, hija del mal,
y volveré después a mis temarios
sabiendo que he hecho algo por el mundo,
sabiendo que la vida estará en deuda
con un opositor de alma marchita.
Miguel Salas, de su libro Las almas nómadas, XXVI Premio de Poesía Hiperión, Madrid, Hiperión, 2011
sábado, 14 de mayo de 2011
Poesía
arraigo
Poco a poco te vas haciendo
de aquí. Apenas
pequeños signos:
las preguntas del tendero
de la esquina (cómo va
España, cómo va la familia)
y la cálida presencia de su ayudante,
bata blanca y silencio.
La retahíla
de saludos en la calle entre las risas cotidianas sin contexto,
el canto penetrante del muecín,
el olor conocido del pan,
las obras que no avanzan del edificio rojo.
la cabina que es barco de mensajes de amor y de auxilio,
los bares donde ponen
café sin tanto azúcar, un pequeño
dominio de este idioma, una cierta
pericia al intuir si va a llover.
Poco a poco te vas haciendo
de aquí . De esta calle,
de esta casa,
de este modo de contar lunas y soltar pájaros.
Pronto tendrás que irte.
sábado, 19 de febrero de 2011
Poesía
Poema inacabado
Yo, que ya no creo en lo que escribo,
que miento cuando digo el matiz
de lo que importa, yo, a los veintimuchos
años de mi vida, en Oviedo, declaro
que tienen razón las cosas que escapan,
el humo del tabaco, el aire que respiro,
la vida que huye de mis manos
como agua en una cesta.
Yo, que tengo frío esta noche,
y adivino allá lejos, apartada,
la luz en una ventana de quien no me espera,
yo, que hice todo lo que quise
e hice todo lo que no he querido,
yo tengo por destino lo incierto
y por pasado la nostalgia
de lo que no viví.
En silencio he pensado en el silencio.
El silencio azaroso y pensativo, cruel
cuando alguien espera una palabra mía
(yo no pienso en nada, miro al techo, me adormezco
y sueño imposibles vidas que sobreentiendo).
En silencio he pensado en ti, y en ti
también, mi vida, porque te pierdo y canto
aquello que esperaba tener y no tengo.
Yo conozco la luz en una ventana, de noche,
y el ser que se abriga en esa luz, tan dulce
y rubia cono la luz del sol en el trigo.
Yo conozco la cobardía de los años
y el pie que tropieza en las alfombras
y el ser inoportuno, a deshora, que entra en mí
y ya no quiere salir nunca. Yo, Xuan Bello,
que he pasado la vida leyendo libros
(aquí ya no había vida)
yo, que conozco el mar por lo que escribo
y la luz del día por lo que otros han escrito,
yo fui feliz y fui infeliz, me amaron y amé
con un amor que entrelaza miradas y conceptos.
Paseo por la calle y miro las caras de la gente.
Por la mañana, en las tiendas pequeñas de Pumarín
(donde se cambia la conversación al cinco por ciento),
hablé cortésmente, educado, pedí que la vida no doliese.
Pero la tarde entró al galope y pasaron años,
la tarde entró al galope en mi vida
como un caballo viejo que corre por no parar,
la tarde vino con luces grises y sin llovizna.
La tarde ha traído soledad, versos viejos releídos
con pasión ya fingida. Enmohecidos de versos viejos
que repito aquí,
fingiendo pasión, fingiendo amor, fingiendo ser
estas palabras que digo.
Hubo barcos que vi en el puerto en los que nunca embarqué.
Hubo desiertos que recorrí, en los mapas, con el dedo.
Hubo mujeres que amé, con un amor mudo,
y que siguieron calle adelante, sin verme.
Ambos mundos. Xuan Bello. Ed. Trabe. Pags 163-165
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