jueves, 5 de febrero de 2009

FUENCISLA BALAMASEDA (XIII)



La noche en vilo

He bañado a las niñas, han tomado su tazón de leche con galletas. Y se han quedado dormidas a mitad del cuento que les leo cada noche. Luego he intentado escribir algo. Al rato, me puse a leer. Pero no llegaba a comprender las palabras. Me parecían las vallas publicitarias, los troncos de los árboles, los postes del tendido eléctrico a los que nunca pones la debida atención desde la ventanilla de un tren en marcha. Creo que para escribir o para leer no se puede hacer otra cosa que eso: escribir, leer. Estaba inquieta, dolorida o tal vez descarnada. Aún pensaba en las palabras de Luzia: "... solo observo la luz que entra cada día y a veces traigo una silla donde sentarme por las noches junto a la ventana. Y sé que lo único que volverá es la luz del sol o los sonidos de la noche." Ella parecía asimilar con normalidad el durísimo golpe de la pérdida de su hijo. ¿De dónde puede proceder tal fortaleza?, me preguntaba. ¿ Es posible marchar, romper con todo: ciudad, casa, lugares, camas, colores, texturas, sonidos? ¿ Es posible alejar los recuerdos, los instantes importantes, las fotos, los albumes biográficos y familiares? ¿Apartar las primeras palabras pronunciadas entonces y las últimas palabras de despedida ya en el tren fugitivo?; ¿olvidar al hombre al que amó, su cara, sus gestos, su presencia, sus palabras, sus obras? ¿Qué inspiración humana o divina le hacía montar un nuevo proyecto en su caballete? ¡Qué pasión en las pequeñas cosas de la vida: preparación de un té o una ensalada! ¿A qué ley de la vida se aferraba para sobrevivir que es más sobrehumano aún que vivir?

También a mi ventana se acercaban los sonidos de la noche. Toda la noche mis pensamientos fueron para Luzia. También la primera luz.

Antes de tratar de dormir un rato escribí: "todos huímos de algo, también la madrugada del amanecer. Si conseguimos comprender, incorporarnos a ese ciclo, podremos rehuir, dejar, asimilar los miedos no con resignación pero sí con templanza. Luzia es la templanza misma".