
El cambio de hora
Despierto a una nueva primavera estrenando el horario de verano, dejando atrás el invierno y un parque otoñado aún con árboles solitarios de hojas. Enciendo la radio y acaban las noticias diciendo: "y no olviden adelantar una hora a sus relojes". Todos los relojes del mundo reflejan no sólo el pasado sino también el olvido, así que hago un esfuerzo por recuperar el tiempo extra de cama y empiezo a hacer recuento de todos los rejojes de la casa para ponerlos en orden con el mundo. Comienzo por el reloj adosado a mi muñeca. Extiendo la mano hacia la mesilla de noche y ajusto la nueva hora al reloj-alarma. Miro en el cajón por si acaso hay uno. A continuación enciendo el móvil y reajusto el error temporal. Me levanto y voy derecho a la cocina. Me subo en una silla para subirme en la mesa y descolgar el reloj grande la la cocina. Camino del salón, en el pasillo, cambio la hora de un reloj de cuco, regalo de un viaje al Tirol. Ya en salón me detengo en el reloj de pared, en el retrato-reloj encima de la televisión. Abro el cajón del aparador y saco antiguos relojes de bolsillo, relojes de cuerda, digitales, clásicos, modernos, con pulsera de metal, de piel, de plástico y ejecuto en ellos la misma operación. Creo que he estado media mañana adelantando un hora a mi vida. La otra media mañana me quedo quieto, preocupado, mirando, desde el sofa, al reloj de arena que está en lo alto del mueble.
1 comentario:
Cuanto podríamos hacer en una hora y que poco la valoramos verdad..??Me gusta tu blog, me gusta lo que escribes, escribes con sentimiento y con la cabeza. Siempre que puedo entro un ratito y te leo.
Tu admiradora. Pilar.
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