miércoles, 25 de marzo de 2009

Libros



Elogio de la lentitud de Carl Honoré.
Editorial RBA. 2005.

Cuando nos tomamos el tiempo necesario para cada cosa, podemos disfrutar. Esa es la teoría de Carl Honoré. Según su confesión, desde que él mismo cambió de hábitos, se siente más conectado con todo.
Ciudades lentas. Su ideal de hábitat es una ciudad de menos de 50.000 habitantes, porque un espacio así busca el ritmo humano: aumenta las zonas peatonales, instala bancos, planta árboles y cercos.
Almuerzo tranquilo. Hay que olvidarse de la comida rápida, donde se puede almorzar en diez minutos.
Caminar. Bajar el ritmo significa también tomarse más tiempo para todo. Si el lugar de trabajo queda relativamente cerca, lo mejor es salir más temprano de casa y caminar, sin apurones, sin ansiedades, para enfrentar el día con energía y sin tensión.
Sexo sin reloj. La ansiedad conspira contra el deseo, según Honoré, y afecta sobre todo a las mujeres. En este campo también hay que desacelerar y privilegiar la lentitud sobre todas las cosas. Música, velas, una comida romántica... Hay que reeducar la paciencia y encarar con todo el tiempo del mundo la conexión con el otro.
Menos televisión. Aunque se asocie con el ocio y el relax después del trabajo, la televisión no sólo no apacigua, sino que puede ser estresante. En lugar de petrificarse frente a la pantalla, Honoré recomienda meditar, leer un libro, escuchar música, porque son actividades que relajan más y predisponen al diálogo y a la serenidad.