
Contigo (del disco Yo, mi, me, contigo de J. Sabina)
Cuando una mañana gris me levanto triste o cuando una mañana triste me levanto gris me pongo la canción Contigo de Sabina e inmediatamente dejo de echar de menos cualquier pelo largo con cara de mujer. Y me siento el único hombre en ascender los catorce ochomiles y el único en hacer en solitario la travesía de la Tierra-Luna.
Yo no quiero un amor civilizado,
con recibos y escena del sofá;
yo no quiero que viajes al pasado
y vuelvas del mercado
con ganas de llorar.
todo tan metódico y débilmente sostenible como un vaso de Murano en una vivienda bajo la vía del tren.
Yo no quiero vecínas con pucheros;
yo no quiero sembrar ni compartir;
yo no quiero catorce de febrero
ni cumpleaños feliz.
ya no más libros dedicados ni poemas escritos en la distancia ni más flechas ni calendario.
Yo no quiero cargar con tus maletas;
yo no quiero que elijas mi champú;
yo no quiero mudarme de planeta,
cortarme la coleta,
brindar a tu salud.
No más pelos tuyos ni en la bañera ni en la almohada ni en mi camino al trabajo o al cine
Yo no quiero domingos por la tarde;
yo no quiero columpio en el jardin;
lo que yo quiero, corazón cobarde,
es que mueras por mí.
No más sofás enfermos ni películas que enmudecen con grilletes nuestras palabras y las miradas. Tan solo hazme una infusión.
Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren.
Si las palabras mueren con los hechos olvidados, demos punto final al final.
Yo no quiero juntar para mañana,
no me pidas llegar a fin de mes;
yo no quiero comerme una manzana
dos veces por semana
sin ganas de comer.
Cambiaré tus manzanas por un huerto entero de naranjas otoñales.
Yo no quiero calor de invernadero;
yo no quiero besar tu cicatriz;
yo no quiero París con aguacero
ni Venecia sin tí.
Al final de la encrucijada, de la batalla cruel, Venecia se hundirá, París se desgastará en sus cenizas, pero saldremos ilesos.
No me esperes a las doce en el juzgado;
no me digas "volvamos a empezar";
yo no quiero ni libre ni ocupado,
ni carne ni pecado,
ni orgullo ni piedad.
Dejaré al tiempo de la siesta la fruta que comeré en el otoño venidero.
Yo no quiero saber por qué lo hiciste;
yo no quiero contigo ni sin ti;
lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes,
es que mueras por mí.
Te me apareces en sueños profanando mi olvido.
Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren.
No hay lucha más incruenta que el silencio, tu silencio, mi silencio..