
Un lunes laborable
Eran las ochos menos cinco de la mañana y salía con prisa acelerada rumbo a una reunión de esas que parecen importantes. De esas reuniones para dictaminar cuándo nos reunimos de nuevo. Y de pronto, te vi. Te seguí toda la mañana. Cambié el olor a baquelita, cuero desgastado y sudor contenido por tu olor a jazmin, rosa blanca y bambú.