
La sirena y el vagabundo
Es lo que tiene un paseo junto al mar. Uno se topa con historias y escenas que podían estar enmarcadas en un libro de tres volúmenes o en el poema más hermoso del mundo. Cuando os ví, pensé que buscabas en el discurso del nómada una razón que sumar a tus sueños justo antes de apagar la luz de tu mesilla de noche; y él, tal vez, una razón para sacar a flote unas palabras que pusieran sonido a sus labios cicatrizados de silencios. Quise ser un poco el solitario hombre para mirarte de cerca y pedirte prestado, aunque pasajeramente, el rumor del mar antes de continuar mi camino tras las huellas de arena desdibujadas en la larga y triste playa.
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