sábado, 20 de junio de 2009

FUENCISLA BALMASEDA (XIX)



Desde la ermita

!Qué lindo paseo! Por fin, Luzia (ella comprende que es difícil pronunciar de corrida su nombre completo: Luzilla), nos llevó al alto de la campa donde hay una ermita pequeñita y a donde suben los fieles a pedir por sus cosas y las del mundo. Y en verdad, que desde aquí arriba, (los malos gestos que construimos en esas superficies asfaltadas de las ciudades se difuminan) "compruebas cómo las raíces muertas que nos hacen peores se hacen trizas de cuajo y tan solo hay un instante para el recogimiento, para el asombro y para la contemplación de unas vistas al mar hermosísimas" dijo Luzia aspirando el aire profundamente y cerrando los ojos. Cierto, Luzia "todo lo demás es inútil, supérfluo pero siempre nos damos cuenta tarde o a deshora o según los intereses."
El camino que serpentea desde el pueblo va dejando a ambos lados del camino brezos rojos y blancos, aulaga amarilla y amapolas además de manzanilla, lavanda y el tomillo. Todo un vergel de colores y olores. Las niñas se divierten cogiendo flores. Desde la baranda de madera de la ermita, de pronto, Luzia me ha dicho: "yo ya no espero otra cosa que vivir cada momento como si naciera cada veinte minutos. A veces subo aquí a hablar con mi hijo y ya nada me turba."

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