sábado, 19 de septiembre de 2009

Te escribo un poema



Rosa que se fue en silencio

Olía a poleo, a fresca uva, a campo indómito, a leña nueva
olía a mujer de antaño que crece entre pinos y robles
dejaba guardar sus huellas de mujer en silencio
tras las altas rocas de montaña, refugios
a donde llevaba sus ojos a mirar el mundo
y a donde llevaba los secretos fáciles que sueñan las niñas.

Sus formas eran silenciosas, no sé si premeditadamente calladas
rosa serena que se presentía aun en los crudos inviernos
porque ella era nieve que te moja en el paseo cuando a solas con tu alma.
Aparecía y su voz era dulzura, gesto mimado recién arado.
Se marchaba y dejaba en el huerto de nuestros corazones bellas rosas labradas.

Su fondo era hábitat de ave nocturna seguramente
andaba más allá de las fronteras
cuando amanecía . Su mirada era conquista, trofeo o beso.

De viajes largos llegaba a los sitios para traernos la luz de otros mundos mejores,
era cálida chimenea, el fulgor de la lumbre,
el faro que en vez de luz derrama ternura,
era la frescura de la luna grande y blanca sentada bajo el alero de su hogar.

Hoy al mundo, renqueante, le costó dar el giro sobre sí mismo,
la vida misma incendió la tarde cansada
ya los ciervos celaron la ausencia de sus ojos
y el olor a lluvia que ella desprendía.

Desde hoy los bosques, los campos, las flores y los seres
olerán un poco a rosa cada otoño en este hueco injusto.
Se caerán las hojas, los colores del paisaje, las uñas, tal vez las miradas
pero en las chimeneas, en los valles, o tras el lomo de los montes
o allá encima del mundo, un poco más acá de cada estrella
habrá un rumor de rosas,
una presencia cimera que huela a la rosa más hermosa.

Javier Duarte

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