Mi vecinos
Vivo en un edificio céntrico, discreto y tanto anónimo muy cerca del centro. El portal ha sido reformado recientemente sólo hasta la entrada del ascensor. El resto de las escaleras hasta la última planta donde vivo es viejo y oscuro. El vecindario se compone de pensionistas y gente mayor, por eso es tranquilo. Muchos mediodía puedo oler la comida de puchero o de fritos o pescado. Otras veces huele sólo a gente mayor, a gente con problemas de cadera, o que han sufrido una caída o de personas solas que viven solas en pisos con pasillos largos e interiores. En cada planta hay una historia, una historia de seres enfermos y achaques crónicos. A veces, echo una mano subiéndoles bolsas con la compra del día y otras pienso que debería visitarlos por eso de las conversaciones transitorias en el ascensor. En alguna ocasión oigolas voces de los nietos o nietas y entonces no sé quién acompaña a quíén mientras sus padres están en sus puestos de trabajo. Muchas veces me pasa que pienso hasta cuándo podré hacerlo y quién de ellos ya no estará al día siguiente.
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