jueves, 15 de octubre de 2009

FUENCISLA BALMASEDA (XX)



El despertar de Tadín

Escribo y leo sobre todo por las noches después de acostar a las niñas y al amanecer con el aroma a café. Hoy Tadín se levantó con el sol. Mientras dormía Enma la llevé a la huerta para mostrarle la grandeza milagrosa de las flores. No hacía más que preguntarme "¿Eso qué es?" yo le decía primavera y ella repetía "primavera". Volvía a preguntarme "¿y eso qué es?" margarita, cariño. Las acariciaba una a una y las olía. Y a mí me parecía que iba haciéndose mayor. Qué agraciada de la vida me sentía verla crecer entre flores y la naturaleza. Ojalá sepa siempre darle una respuesta a todas sus preguntas. Seguramente ella aprenderá por sí sola cuando sienta en su interior el vuelo migratorio de las aves. A esa conclusión maternal llegué cuando de pronto señaló con el dedito índice al girasol elevando despacio su índice cual arcoiris hacia el sol que ya despuntaba tras los sauces llorones: "¿se ha caído el sol en el campo, mami?".
No hay nada comparado con el sentimiento infinito de ternura mutua con un hijo. Por la noche, ya en la cama, no pude leer nada. Tampoco transcribir unos apuntes pensando la mañana tan hermosa que me había hecho pasar mi hijita. Hoy creo que soñaré que soy una niñita de nuevo y jugaré con mis hijas.

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