
Solitarios campanarios de la noche
Si te dicen por qué me encierro en los altos
y solitarios campanarios de la noche,
diles que mi proximidad al cielo cuajado de estrellas
apaga el brillo de sus ojos cansados,
que el temor a convertirme en el único ser
en el mundo
es el mismo que ellos poseen cuando anegan sus penas
ante la belleza de una imponente puesta de sol.
Diles, amada, que no soy el diablo cojuelo
que levanta sus tejados
y urga en sus fiestas,
mi ofico no es otro que tapar resquicios
y agujeros de ramplonas y artificiales luces,
sabiendo que existe la gran luz de la oscuridad del alma.
Desde aqui oye, mi alma, componer dulces sinfonías
silenciosas
a las largas batutas de las estrellas fugaces ,
y ve arder la noche en infinitos puntos
incadescentes
como teselas en un mar de llamas.
Diles, amada, que aquí acaba la noche,
que sólo es de día, no en el tiempo,
sino en la distacia que tarda mi boca
en recorrer la blanca agonía de tus pies
hasta el rubio crepúsculo de tu pelo.
Si te dicen por qué me encierro,
diles que la belleza no es cómplice de las ventanas,
sino de los hombres solitarios
que se encierran
en los altos y solitarios campanarios de la noche.
Javier Duarte
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