sábado, 24 de octubre de 2009

Te escribo un poema



Sobremesa

En la hora apaciguada de la sobremesa
eliges del patio membrillos
que luego adornan el cuenco enamorado
de mis manos cuando abrazo
tu cuerpo nocturno
y me siento el hombre más acompañado
del mundo.
Pienso en las rojas pepitas de las granadas
que trasvasas desde tus labios
al inabarcable cauce de mi boca
siempre haciendo memoria
de tu ausencia campesina.
En las velas blancas que enciendes cada tarde
me dejas esa ausencia extrañada
esa esperanza de cera
de que antes del ocaso
oiré tus pasos en la cocina
como sonido de hacha
bosque adentro.
Esas historias que lees en el libro amarillo
de mi otoño fugaz
y que me cuentas a oscuras de noche
emparedados en el calor de las sábanas
o en el sofá elegido
para albergar a dos náufragos
a la hora apaciaguada de la sobremesa
cuando tú recoges membrillos
y los pones en el cesto de mis días
y también giros y palabras
y silencios y también dolor.

Javier Duarte

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