miércoles, 4 de noviembre de 2009

La columna de Eutimio Mercader (23)



¿Quién quiere engañarnos?

Desayunado a medias porque el despertador vete tú a saber si ha sonado o no. La camisa con una mancha esdrújula (y que he ocultado con el chaleco abotonado) del aguachirri de café tras el reto firme que me tenía prometido mi cafetera en alguna afrenta del pasado. Salgo a trompicones por la puerta de casa , cartera repleta de papeles para la intensa jornada de trámites de esta mañana que ha amanecido con un viento atroz que neutraliza la gomina de mi pelo. En la puerta del banco una esquela: disculpen las molestias. Cojo la callejuela para atajar mi camino hacia la Notaría a recoger un poder notarial pero no abren hasta las 9.30. Tengo media hora y aprovecho para llevar la foto del deenei para el nuevo carnet electrónico y en la puerta de la comisaría busco la foto diminuta por todos los bolsillos de las varias capas que me cubren. Para el primer trámite estoy un poco alejado así que me acerco a la biblioteca a por el último libro de David Trueba que tenía reservado pero cuando comprueban mi carnet estoy sancionado nueves días por demorar mi última entrega.

Es media mañana y tengo arañas en el estómago, las mariposas se las comieron la prole de arácnidos. En el semáforo que cruzo cada mañana para tomar las once está en obra y un guardia obliga a los viandantes a retroceder y dar la vuelta a la manzana si quieren llegar a la cafetería.

Decido no tomar nada. Coño! Ahí está la Jefatura de Tráfico, voy a notificar el cambio de domicilio. Una cola del demonio. Huyo. Empieza a amainar el viento pero de pronto se desencadena el diluvio universal. Se me olvidó el paraguas. El paraguas de una señora rebota elásticamente en mi cabeza. Empapado y sin haber solucionado ni gestionado entro a comprar algo en el super y en la caja hay una comitiva de mujeres que se han quedado a vivir allí eternamente y no marchan de ese punto negro . Vuelvo a casa, deangelado, con ganas de mimos y caldo de ave calentito, y en el buzón tan solo el catálogo de Ikea, las ofertas del 2X1 del carrefour, la vida Alcampo, una tarjeta con calendario de un particular arreglatodo, el yo no soy tonto, algunas facturas de banco y cosas así. Y cargado de entusiasmo me digo "mañana escribiré una crónica sobre cómo los humanos vivimos engañados por los papeles, los trámites y la publicidad".

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