
Las fronteras
Habla usted, se asombró Hans, como Chrétien de Troyes. ¿Como quién?, preguntó el organillero. Un francés antiguo, contestó Hans, que dijo algo fantástico: los que creen que el lugar donde nacieron es su patria, sufren. Los que creen que cualquier lugar podría ser su patria, sufren menos. Y los que saben que ningún lugar será su patria, esos son invulnerables. A ver, se quejó Reichardt, ya estás complicando las cosas, ¡ a qué viene tanto francés del año de mi abuela!, yo nací en Wnadernburgo, soy de aquí y no podría vivir en otra parte, punto. Sí, Reichardt, dijon Hans, pero dime, ¿tú cómo estás tan seguro de que este lugar es el tuyo?, ¿cómo puedes saber que es este y ningún otro? Porque lo sé, mierda puta, contestó Reichardt, ¿cómo no voy a darme cuenta? Yo me siento de aquí, soy sajón y alemán. Pero ahora, objetó Hans, Wandernburgo es prusiana, ¿por qué te sientes sajón y no prusiano? ¿o por qué alemán y no germánico, por ejemplo? Este lugar ha sido sajón, prusiano, medio francés, casi austríaco, vete a saber mañana. ¿No es puro azar?, las fronteras se mueven como rebaños, los países se reducen, se dividen o se expanden, los imperios empiezan y terminan.Y nosotros tenemos una sola cosa segura, nuestra vida, que puede transcurrir en cualquier sitio.
El viajero del siglo. Andrés Neuman. Ed. Alfaguara. 2009. Págs 123-124
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