viernes, 25 de diciembre de 2009

Cosas que me pasan



La tecla de las tildes

Hace ya muchos días la tecla de los acentos me ha dejado de funcionar. Cada vez que mandaba un correo o escribía un artículo me disculpaba por tanto agravio contra las reglas. El caso es que me fui acostumbrando a no poner tildes de modo que escribía más rápido incluso en mis sentencias podía apreciarse un dilogismo que enriquecía los textos.
Pero un día de buenas a primeras, como cuando dicen que los vinos cambian su sabor o lo pierden pasando Despeñaperros, viajé desde el Norte a Extremadura...y no sé si por la Meseta o ya en el hogar de mi infancia, la tecla de la tilde comenzó a funcionar con toda limpieza y parecían cometas limpias y brillantes colgadas en el cielo alto de las vocales aun antes de que mi dedo las pulsaras. Ahora ya soy un hombre tilde.

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