sábado, 26 de diciembre de 2009

FUENCISLA BALMASEDA (XXII)



Un paseo con Emma

Lucía vino temprano a recoger a Tadín. Tenía que recoger un paquete y comprar algunas cosas además de algunos lienzos y unos óleos de ámbar, naranjas, amarillos y ocres (según dice ella se acabó el otoño se acabaron esos tonos en su paleta). Después de los recados llevaría a Tadín a una representación de marionetas. Ellá ni lo dudó...nada más aparecer Lucía se fue corriendo hacia ella y no le soltó el cuello. Estaba tan feliz.
Enma y yo pasamos gran parte de la mañana podando las plantas y luego hicimos un bizcocho que salió riquísimo. Al verla a mi lado no necesito nada más. Es como si la vida me hubiera dado una segunda oportunidad por el hecho de estar en un sitio tan tranquilo y tan hermoso, rodeada de naturaleza, de Lucilla y de mis hijas.
Al final, de la mañana, dimos un paseo por el camino que lleva a la playa La Escondida. Caminamos sin hablar mucho tiempo hasta que ella me soltó: ¿Cómo era el hermanito Nicola? Me quedé muda o sólo dije algo como se parecía a ti, cariño.

Ahora llevo toda la santa tarde intentando escribir algo sobre Nicola, mi hijito, y sólo me salen cartas larguísimas y mudas como si fuera un monólogo con el viento en plena ventisca.

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