
Los sonidos de la noche
Después del concierto de jazz en una sala del centro me apeteció tomarme un whisky en mi bar preferido. Es un sitio a media luz mas alargado que grande repleto de mesas y música con los clásicos del blues y la música negra. Tras los aplausos del concierto, y la salida apresurada del público en el hall me he parado a escuchar a qué suena la vida de la noche. El roce de los abrigos y chaquetones, las pisadas de zapatos y botas, el murmullo agradecido de los presentes al concierto bisbeseando sílabas de complacencia. En el bar sonaba un disco de Charlie Parker. El ir y venir de la camarera sirviendo las copas, las voces a medio gas de las parejas y los solitarios degustando los seductores licores de la noche. Yo era el tipo de la barra con el whisky en la mano, moviendo los pies al ritmo de la percusión y el cello, mirando a las chicas apetecibles que nunca poseeré.
De vuelta a casa, al doblar el callejon, cerca del puente, un perro ladra a alguna rata que se precipito al abismo de la alcantarilla. Los sonidos de la noche me traen a la memoria una realidad como espejismo, inexistente. Tal vez nosotros tambien nos escondemos como ratas perseguidas por los ladridos de nuestros miedos cuando las palabras y las voces de la noche nos atraviesan el alma.
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