lunes, 7 de diciembre de 2009

La vida de Eugenio Zaldívar (XXII)




Los sonidos de la noche

Después del concierto de jazz en una sala del centro me apeteció tomarme un whisky en mi bar preferido. Es un sitio a media luz mas alargado que grande repleto de mesas y música con los clásicos del blues y la música negra. Tras los aplausos del concierto, y la salida apresurada del público en el hall me he parado a escuchar a qué suena la vida de la noche. El roce de los abrigos y chaquetones, las pisadas de zapatos y botas, el murmullo agradecido de los presentes al concierto bisbeseando sílabas de complacencia. En el bar sonaba un disco de Charlie Parker. El ir y venir de la camarera sirviendo las copas, las voces a medio gas de las parejas y los solitarios degustando los seductores licores de la noche. Yo era el tipo de la barra con el whisky en la mano, moviendo los pies al ritmo de la percusión y el cello, mirando a las chicas apetecibles que nunca poseeré.

De vuelta a casa, al doblar el callejon, cerca del puente, un perro ladra a alguna rata que se precipito al abismo de la alcantarilla. Los sonidos de la noche me traen a la memoria una realidad como espejismo, inexistente. Tal vez nosotros tambien nos escondemos como ratas perseguidas por los ladridos de nuestros miedos cuando las palabras y las voces de la noche nos atraviesan el alma.

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