
Poblada soledad
Crepúsculo aún. A punto de amanecer.
En los aleros las palomas esperan la luz, alguna
ventana de cocina:
alguien prepara café.
El ascensor anuncia algún vecino nocturno
y el camión de la basura carga su ruído de basura.
Treinta y uno de diciembre. Otra vez
como siempre. Esta yerta
labor de escribir palabras y lo cotidiano
mientras un barítono inunda en la radio la estancia
y rellena de notas tristes los rincones, los muebles
y las cosas
como humo de las barritas de incienso: la tinta
es una coartada para insomnes
y escribimos para soñarnos.
Vienen a mi memoria los niños muertos
los parques vacíos a esta hora
las palabras que se desdicen refuerzan
con su eco el olvido de los siglos.
Sobre la cama deshecha
yace la silueta abandonada de un cuerpo que fui. Todos
vivimos cegados, engañados, distraídos. Y mañana
llegará otro día, llegará, mañana
uno de enero en el calendario marcaremos el principio de nuevo
nunca un acaso, tampoco unos labios rojos sobre el domingo.
Todo se comienza incluso cuando acabamos de darnos cuenta. Amanece,
crepúsculo aún.
Javier Duarte
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