
Conozco la verdad
Cuando era un niño y jugaba con la cometa en el descampado de al lado de mi barrio, en el establecimiento vendían regaliz fino por tiras y regaliz rojo y negro más grueso; raspa de dulce envuelto en cucurucho de estraza y todo tipo de delicias infantiles.
En la adolescencia, la tienda se convirtió en librería-papelería y aquel lugar donde me gustaba entrar para ver las cartulinas de colores, el papel charol, los tebeos y el olor a libro nuevo y a pegamento imedio.
Al terminar la universidad y el servicio militar, un cartel de neón que enmarcaba todo el local, anunciaba "inmobiliaria". Ahora la vida era sólo emancipación y futuro. Así que me fui y en alguna carta recibida me contaron que fue también droguería-perfumería, luego vinatería.
Muchos años después, he vuelto a mi ciudad, a mi barrio y ahora la tienduca vieja no tiene dueño. Está empapelada de carteles de "se vende", "se alquila", arruinada. Y sin embargo, ahora sé la verdad.
Autor: Javier Duarte
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