La casita de verano
Qué bien las horas templadas del larguísimo verano en la casita que encontramos por casualidad en aquel viaje sin planificar. Y esas noches en las que nos sentábamos en el poyo o en las escaleras y mirábamos las estrellas: Casiopea, la Osa Mayor buscando el norte en la estrella polar, y La Vía Láctea que nos prometimos recorrer juntos así también sin nada planificado y darnos un beso en cada estrella y burlar al destino, a las horas inciertas y también a la hora cierta mientras yo me rendía al sueño en tu hombro.

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