Mi bici amarilla
Hoy en el rastro de los domingos en Gijón me quedé mirando largo rato esta bicicleta. De "enano" siempre miraba las bicicletas de los demás chicos y deseaba tener una como cuando niño te ibas a la cama la noche de reyes. La primera vez que tuve una era amarilla y con ella experimenté el placer irrefenable de dar vueltas a la manzana, doblar las esquinas sintiendo el viento en la cara al atardecer y salir del asfalto a campo abierto. Y desde entonces me hice un pájaro solitario, un amante de los olores, de los bosques, de la belleza de la naturaleza, de los viajes y de los sueños que siempre van abordo de aquella bicicleta amarilla de mi niñez. Ahora que miro esta vieja bicicleta en el mercado pienso en que la bici es un modo puro en que viajan los niños.

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