11 de julio del 2010
Final del mundial de fútbol. España-Holanda. Cenas en grupos, amigos eufóricos, encuentros en el bar con pantalla grande alrededor de cervezas y exaltación futbolística. Afuera quedan la crisis, la subida del IVA y llegar despojados y medio desnudos a fin de mes con un corazón trágico. En los balcones de los incógnitos lugares del país ondean las banderas con los toros empitonados, con los escudos o el lema "yo soy español".
Hoy todo el mundo se rozará en las cafeterías y chiringuitos, se besarán, se abrazarán los desconocidos y el abismo de vivir se tapará un poco de pasajera y de alcohólica alegría.
Algún corazón solitario deambulará lejos del griterío y los tugurios de exaltados mientras un su paseo, echará de menos unas manos, unos labios tibios de mujer.
Los menos prepararán una cena con velas y un bolero de fondo mientras el sol se vaya ocultando al comienzo de la segunda parte.
Aún no sé si yo estaré entre aquéllos que apostará por las cervezas hasta el último penalti si llegaran; o si me asomaré al balcón del mar con una mujer cn la que jugar muchos campeonatos bailando un bolero a luz de las velas.
No obstante, que viva el amor y que gane España. Para el desasosiego, las deudas, las derrotas siempre estará el mañana.

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