jueves, 26 de agosto de 2010

Te escribo un poema















Abandonad, doliente muchacho, la tristeza que os aqueja,
tocadme los labios tibios que el sol no calienta
cuando roza, cada tarde, el rosetón de la nave
camino de un nuevo horizonte donde zozobrar
o quizás a iluminar el pubis de una adolescente.


Aquí tienes el sueño verdadero del que ya no ve más
ni el carmín en la mejilla de abril
ni los cuerpos desnudos, ni a dios siquiera.


El sepulcro es de mármol y se hace nieve a cada paso.
No huyas, adelante el paso y abrázate al mástil del último silencio.

Acaricia mi corazón,
podrás sentir el llanto de unos hombros,
apresúrate
Queen Mary te llama...


Javier Duarte

1 comentario:

Anónimo dijo...

..."A ciertas flores que se cerraron antes de ser abrasadas por el infortunio,
antes de que los caballos aprendieran a llorar"...
no viene a cuento pero sería un bonito epitáfio, Lápidas de A.Gamoneda