miércoles, 15 de diciembre de 2010

Microrrelatos















Dos luceros


Las pasadas Navidades empecé a leer cuentos  a los dos hijos de mi actual mujer. Hacía tanto que no sentía   el aliento y la comprensión; y mucho tiempo también, sin recordar aquel olor a plastilina, a lapicero recién afilado y “vickvaporus”. En el silencio reposado de los niños, mi voz retumbaba en la habitación y a medida que el cuento avanzaba, yo sabía que mis palabras, poco a poco, se  iban difuminando en el paisaje perdido de sus  párpado hasta que, por fin,  sentía sus respiraciones muy lejos fuera de este mundo.  Por la mañana, volvía a la cárcel y allí  me afanaba en buscar una nueva  historia para los “peques”  o le pedía al profesor de Braille que me aconsejara. Al atardecer, buscaba la salida, de vuelta a mi casa, intentando olvidar  la oscuridad  de mi vida pasada; y deseoso de que llegara la noche para contar un nuevo cuento a mis dos pequeños luceros.


Javier Duarte

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