sábado, 11 de diciembre de 2010
Textos y autores
"Era de nuevo un día tibio y despejado. Por la mañana, a eso de las seis, Raskólnikov fue conducido a trabajar a la orilla del río. Allí, en un cobertizo, se trituraba alabastro y había un horno de yeso. Sólo tres presos habían sido enviados a aquel lugar. Uno de ellos, acompañado por un vigilante, había vuelto a la prisión en busca de cierta herramienta; otro estaba dedicado a partir leña y cargar el horno con ella. Raskólnikov salió del cobertizo , llegó hasta la orilla y se puso a contemplar el río, anchuroso y desierto, sentado en unos troncos allí apilados. Desde lo alto de aquella orilla se divisaba un vasto panorama. De la lejana orilla opuesta llegaba una canción apagada. Allá en la estepa infinita, bañada por el sol, negreaban como puntitos las tiendas de los nómadas. Allá estaba la libertad y vivían otras personas en nada semejantes a las de acá; allá, el tiempo parecía haberse detenido quedándose en la época de Abraham y sus rebaños. Raskólnikow seguía inmóvil, con la mirada fija, y sus pensamientos se convertían en ensueños, en contemplaciones. Ya no pensaba en nada, pero le invadía una ansiedad que le causaba congoja.
De pronto apareció Sonia junto a él. Se había acercado sin ruido y tomó asiento a su lado. El frío del amanecer no se había disipado aún. Sonia llevaba su pobre capita vieja y el mantón de paño verde. Su rostro demacrado y más pálido, conservaban huellas de la reciente enfermedad. Le saludó con una sonrisa afable y gozosa, pero le alargó la mano tímidamente, como de constumbre.
(...) Ni él mismo habría podido decir cómo ocurrió, pero sintió un arrebato que le arrojó a los pies de Sonia. Lloraba, abrazado a sus rodillas...(...) Habrían querido hablar, pero no podían. Tenían lágrimas en los ojos. Los dos estaban demacrados y flacos, pero en sus rostros enfermizos y pálidos resplandecían ya el amanecer de un futuro renovado, de la resurrección a una vida nueva. Los había resucitado el amor, y el corazón de cada uno era un manantial inagotable de vida para el corazón del otro.
Acordaron esperar y tener paciencia."
Crimen y castigo. F. Dostoievski. Ed. Cátedra. 2009. Pág 698-699.
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