martes, 15 de marzo de 2011

Te escribo un poema


















Cierra los ojos ahora
sube al desván
a tientas
con parsimonia placentera
y con buscado retraimiento
arrebata a la sombra el polvo sobre el baúl quejumbroso
la complacencia extrañada  del silencio.

Toma la luz, te regalo un laberinto de irisaciones,
que nazca en ti la luz, haz que nazca la luz de lo oscuro
sostén entre  tus manos esta bola de luna nueva
llena entre tus dedos 
y llévala hacia las mentiras
de las cosas y los  seres que nos mienten.

Siéntate con postura de niña callada, de niña incomprendida
aunque te sientas una muñeca de porcelana rota
así junto al cesto de alhajas desbruñidas y  la mesita carcomida
así cerca del ojo de buey velado  guardián  de telarañas
por donde se filtran las dudas, el viento , el tiempo, el temor;
levanta entonces el prisma hacia esa otra luz de afuera
que tus brazos crezcan como tallo tierno hacia lo alto
para presenciar la colisión de lo efímero y lo irreal.

¿Qué ves? ¿Qué oscuridad turba tu corazón?
¿Cómo alumbrarse en  un mundo hostil, perturbado, ciego?
Si las sombras  van adosadas al mundo de las cosas y los seres
Incluso en la violada luz de los videntes


Toma la luz, te regalo un laberinto de irisaciones,
que nazca en ti la luz, haz que nazca la luz de lo oscuro
sostén entre  tus manos esta bola de luna nueva
llena entre tus dedos 
y llévala hacia las mentiras
de las cosas y los  seres que nos mienten.

Deja  las aceras , los parques, los letreros y vehículos
abrázate en el rincón, abandónate en la postura del no nacido aún
no hagas caso de las campanas ni la guadaña
que no te hagan daño los muertos
que no te turbe la sonrisa lasciva de los dioses
por manifiesta humanidad que desbordes.
Cada luz de la vela es un sueño
una burla tal vez
un desaire endiablado , seguro una carcajada
pero tú, eleva la luz poligonal de la bola
hacia el centro de tu pecho donde reside tu corazón.
no temas tus cejas, pórticos hermosos  de tus ojos hermosos
que se acostumbraron  a tanto desván y a su luz de inertes penumbras.
No temas a tu corazón heroico de tantos  crepúsculos
de tantos  ocasos opalinos
de tantos nocturnos,
enfrentado a los cobardes envites  del reloj de la madrugada;
abandona la falsa claridad de su tictac
aunque parezcan vanas esperanzas vencidas
y te pesen los sueños como antiguos castaños.

Toma la luz, te regalo un laberinto de irisaciones,
que nazca en ti la luz, haz que nazca la luz de lo oscuro
sostén entre  tus manos esta bola de luna nueva
llena entre tus dedos 
y llévala hacia las mentiras
de las cosas y los  seres que nos mienten.

Corazón desertor de tanta vida  geológica
de tanta medida astronómica
descomunal
tu vara  de medir contra la inundación de universos encendidos
tu llama pequeña, humana, voraz en su dignidad de ser
contra los fuegos fatuos  del desconsuelo y la ausencias de seres amados.
tus manos prendidas de  luz, desbordadas de amor
tamaña efigie o  columnas levantadas  hacia la infinitud de esta noche;
todas las sombras, improperios, descarnizado dolor de madre
vayan a desembocar a cada haz de esta bola  de cristal
como vasos comunicantes sin retorno
y en tu meliflua oración y exorcismo
expulses y deposites
entre las cosas quietas de la noche artificial del desván
tu honda pena, tu pena acuchillada
y reposen olvidadas entre los cuadros de bisabuelos y mamparas deslucidas
el sueño de los dementes.

Toma la luz, te regalo un laberinto de irisaciones,
que nazca en ti la luz, haz que nazca la luz de lo oscuro
sostén entre  tus manos esta bola de luna nueva
llena entre tus dedos 
y llévala hacia las mentiras
de las cosas y los  seres que nos mienten.

Ahora sal del desván, amor,
no te ciegue la sobria luz del amanecer
los nuevos visillos de la ventana de tus ojos
ábrelos recién paridos
y recorre las miradas del prójimo sin asombro, con pudor
sin turbiedad pero con arrojo.
No importa lo cotidiano si hay luz en tus ojos, tu luz,
duele menos el dolor si hay temblor  en tus dedos
no hay olvido enteramente si hay ternura en tus labios.
Sal del desván recién nacida, encendida
aunque te escueza el picor de las sombras de tu sombra,
contra la pérdida: tu luz
contra las cicatrices: una vela prendida a lomos del horizonte.
Sal del desván, los ojos bien abiertos
que yo dejaré de hablar con mis visiones y aparecidos
de mis turbias horas de ofuscación
de mis desaires y maledicencia.


Toma la luz, te regalo un laberinto de irisaciones,
que nazca en ti la luz, haz que nazca la luz de lo oscuro
sostén entre  tus manos esta bola de luna nueva
llena entre tus dedos 
y llévala hacia las mentiras
de las cosas y los  seres que nos mienten.

Sal del desván, sanada
y vayamos juntos  a mirar el sol en la espalda del mar.

Javier Duarte

No hay comentarios: