Cosas que me pasan
Viajé a una ciudad centroeuropea aquel fin de semana, solo. En las húmedas calles empedradas el violín se convirtió en el cordón umbilical de esa memoria fugaz como cuando das la última puntada al roto del corazón.
Y en ese intervalo como de finísimo do bemol del violín, pasaste de largo ante mi manos vacías de sueños, ante mi mirada antípoda de la niñez, ante mis labios cerrados de palabras y murmullos del mar.
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