El interior de los viejos palacios es el sueño lidibinoso de una muchacha virgen:
involuntario desgarrón de las rojas cortinas de su alcoba, la dama triste mirando en el espejo sus pechos no mordidos.
En el gran salón los candelabros son magnificas erecciones






que nunca vieron el vientre oscuro de un mar. A estas horas de la noche un pañuelo perfumado echa a volar
por oscuros ventanales de ojiva.
Javier Duarte
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