
La fraseología de las ciudades
"Mirar es una antología" dice el reciente premio Alfaguara Andrés Neuman. Díchose de paso un tío interesante, un rostro atractivo,una lengua incisiva y una pluma preclara y avanzada. Deambular por la ciudad, por sus calles, y mirar los carteles, los anuncios, las señales cotidianas que dirigen o aconsejan nuestro pasar a veces inmutado ante ellas, es una manera de ser un filólogo urbano: "perforamos orejas sin dolor" (en una farmacia); un "avisamos a la grúa" redundante (en un portalón con su vado); "se arregla ropa", "se traspasa", (en una tienda en el primer caso, en una víctima de la crisis en el segundo). Hace años, sobre todo en poblaciones pequeñas, el pregonero publicaba a grito pelado estos sucesos. Después vino el señor del furgón con un altavoz que daba cobertura a todo un estadio de fútbol: "ha llegado el tapicero señora, se recogen sillas, butacas, descalzadoras, señora, en su propio domicilio y sin compromiso". Y es que la ciudad es una revista que sale a la luz a diario y con una tirada a razón de la cantidad de atención que pongas en sus calles, sobre sus paredes y cristaleras y también en las gentes que la habitan, extasiados o moribundos en los bancos del parque o en su deambular errático despejando su conjetura vital. Esta lingüística urbana es una antología fantástica cuyo autor es siempre un ser anónimo asombrado.
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