sábado, 28 de marzo de 2009

La columna de Eutimio Mercader (13)



La fraseología de las ciudades

"Mirar es una antología" dice el reciente premio Alfaguara Andrés Neuman. Díchose de paso un tío interesante, un rostro atractivo,una lengua incisiva y una pluma preclara y avanzada. Deambular por la ciudad, por sus calles, y mirar los carteles, los anuncios, las señales cotidianas que dirigen o aconsejan nuestro pasar a veces inmutado ante ellas, es una manera de ser un filólogo urbano: "perforamos orejas sin dolor" (en una farmacia); un "avisamos a la grúa" redundante (en un portalón con su vado); "se arregla ropa", "se traspasa", (en una tienda en el primer caso, en una víctima de la crisis en el segundo). Hace años, sobre todo en poblaciones pequeñas, el pregonero publicaba a grito pelado estos sucesos. Después vino el señor del furgón con un altavoz que daba cobertura a todo un estadio de fútbol: "ha llegado el tapicero señora, se recogen sillas, butacas, descalzadoras, señora, en su propio domicilio y sin compromiso". Y es que la ciudad es una revista que sale a la luz a diario y con una tirada a razón de la cantidad de atención que pongas en sus calles, sobre sus paredes y cristaleras y también en las gentes que la habitan, extasiados o moribundos en los bancos del parque o en su deambular errático despejando su conjetura vital. Esta lingüística urbana es una antología fantástica cuyo autor es siempre un ser anónimo asombrado.

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