sábado, 21 de marzo de 2009

La vida de Eugenio Zaldívar (17)




Equinoccio de primavera

Hoy a las 13.44 se estrena la primavera según los movimientos de los astros y tal vez también según la sangre que rota alrededor del corazón. En el mío canta Maria Callas junto al mayán de Tierra. El Botánico se prepara para celebrar el equinoccio. El día radiante después de los aguaceros ininterrumpidos invitan a las gentes andar en camisa o ligeros de ropa. Los estudiantes andan escapándose de las aulas para tumbarse en los prados y parques de la ciudad.
Es el equinoccio de primavera donde la luz del día iguala en duración a las tienieblas nocturnas. También hoy mi corazón está en equinoccio: tantas claridades como penumbras, tantos años como vivencias, tantas hermosas palabras dichas como caricias olvidándose en la locura del silencio, de la indiferencia si indiferente es la ola que rompe a cada instante en la arena. Y mientras, allí miro a la torre donde hay tanto niño jugando en silencio, callado, hermoso, oceánico, héroe que nos describe y nos descubre en su claroscura eterna niñez, la caducidad de nuestros pasos.
Ah! Soy profesor desde hace veinte años y aún no sé cómo explicar el concepto del mar a los alumnos si cada vez que llega una ola a la orilla vacía mi mente de libros y palabras.