lunes, 23 de marzo de 2009

Las cosas que nos nombran (XII)




El paraguas

Hoy, en homenaje, al paraguas, (este objeto donde cobijamos nuestra intimidad más honda en nuestros paseos y bajo el cual sentimos una felicidad inconmensurable, o una tristeza apagada) he decidido recitar un poema, cuyos dos versos primeros, son préstamos de Neruda, igual que la lluvia es agua prestada del mar.


Esta noche podria escribir los versos más tristes,
podría escribir por ejemplo
: llueve,
llueve mansamente afuera
y llueve aguaceros de ansiedad dentro de mi

¿por qué llueve tan triste esta noche?
¿ por qué me llueves tan hondo?
¿ y por qué olvidas al hombre que está sentado esta noche
viendo caer la lluvia.?

¡Qué mansa caen las estrellas fugaces sobre mi corazón!
Son estrellas de olvidados torrentes
como manos frías tocando octavas de hielo
en el gran piano del universo: la noche.

La noche:
¡qué gran paraguas donde cobijarse dos corazones mojados!
¿por qué llueve tan triste esta noche?
¿ por qué me llueve tanto dolor
-estruendo trueno- por mi espina dorsal?

¿por qué llueve tan triste esta noche, triste cerillera?
¿porqué frágiles calles de inviernos deambulas
vendiendo diminutas restos de un naufragio?
¿Y para qué quieres tantas cajas repletas de inviernos perennes?
¿por qué llueve toda la noche?
¿por qué tienen mis piés frío contigo?

¿por qué llueves tanto?
llueve, llueve, llueves toda la noche.
¡Qué gran remanso sería un beso con lluvia!