sábado, 4 de abril de 2009

FUENCISLA BALMASEDA (XVII)



En el mercado

Tadín amaneció un poco empachosa con dolor de garganta. La pobre se despertó a medianoche y se vino a mi cama. La he dejado en la guardería un poco malita pero me ha regalado una sonrisa cuando entraba en la "guarde" de la mano de la maestra. Regresaré pronto a buscarla después de comprar algunas cosas con Luzia. En el mercado he comprado algunas verduras para hacer un puré para comer, además he comprado dos sillitas de mimbre que pintaré. Me gustan para la mesita baja del cuarto de las niñas donde ellas pintan y mezclan sus potingues con que se fabrica la materia de la que está hecha la infancia. Luzia se ha empeñado también en que aceptara como regalo un vestido blanco para ir a la playa. Hemos mirado los puestos y nos hemos reído mucho porque el mercado es como una casa grande donde se oyen todos los sonidos y las voces de las gentes tan distintas que habitan el mundo. "En un mercado concurren todas las razas y acentos del mundo" me dijo Luzia. Hemos hablado de nuestras exparejas pero sólo de las cosas positivas que nos han aportado y de cómo ahora ellos son como dos caras conocidas de personas que pueden verse en un mercado cualquiera. En la cafetería le he regaldo el poema a Luzia y hemos quedado en ir el fin de semana a la playa con las niñas. Hoy ha sido un día de regalos.

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