El olvido
Nace por encima de las copas de los árboles un ángel de luz para las almas que saboreamos este instante preciso de mágica existencia; y nace también un ángel lucifer cuando las palabras no afloran fácilmente desde el pensamiento. Misterio no solventado aún entre la luz sobrenatural y las palabras dóciles que a penas pronunciamos y escribimos.
Ahora Tadín no tiene fiebre. De mañana le di dalsy porque tenía 38 y unas décimas. He leído un poema de Carlos Marzal primero mientras me desayunaba una taza de té, y luego he empezado el libro que me regaló Luzia la semana pasada: El guitarrista de Luis Landero. En seguida me he enganchado, con adicción, con ensimismamiento, al argumento de la obra por la facilidad, simplicidad y perfección en el dominio de nombrar las palabras en un estilo simple, hondo y cautivador.
Nace por encima de las copas de los árboles un ángel de luz para las almas que saboreamos este instante preciso de mágica existencia; y nace también un ángel lucifer cuando las palabras no afloran fácilmente desde el pensamiento. Misterio no solventado aún entre la luz sobrenatural y las palabras dóciles que a penas pronunciamos y escribimos.
Ahora Tadín no tiene fiebre. De mañana le di dalsy porque tenía 38 y unas décimas. He leído un poema de Carlos Marzal primero mientras me desayunaba una taza de té, y luego he empezado el libro que me regaló Luzia la semana pasada: El guitarrista de Luis Landero. En seguida me he enganchado, con adicción, con ensimismamiento, al argumento de la obra por la facilidad, simplicidad y perfección en el dominio de nombrar las palabras en un estilo simple, hondo y cautivador.
Las primeras páginas hablan del olvido. ¿Olvidaremos el pasado? ¿Olvidaremos a aquéllos a quienes amamos? ¿Nos olvidarán? ¿Quienes seremos o quienes no seremos en un futuro próximo?
Leyendo las primeras hojas del libro me ha entrado un congojo, un asombro quebradizo por todas las cosas: por el paso del tiempo, por los seres que dejamos atrás, por el olvido, por la inevitable puesta en escena del sol que nos alumbra los actos, las palabras, los silencios, las miradas, el dolor, el júbilo encogido.
Después de este fugaz momento de funambulismo temprano que sólo dura un instante, he pensado en llevar a las niñas a casa de Luzia y darle una sorpresa. Cuando veo a las niñas, felices, jugar por la casa preciosa de Luzia, por las amplias estancias perfumadas de flores y luminosas de la casa a un lado; y a otro, a Luzia, tan liviana, tan segura de sí misma, tan llena de vida, siento una felicidad extrañada. Y pienso que el olvido es una forma de construcción e inauguración de una vida nueva.

No hay comentarios:
Publicar un comentario