
Perder
del libro Artículos de Ocasión de David Trueba. Editorial Xordica
Pienso a menudo que no tenemos ni puñetera idea de nada. Sospecho que muchas cosas que tomamos por ciertas no lo son. ¿Y si todo lo que se empeñaban en enseñarnos en lel colegio eran sólo memeces para matarel tiempo? En otras palabras, no estoy del todo seguro de que lo blanco sea blanco y lo negro negro, ni siquiera de que el pan sea pan y el vino vino lo cual echa por tierra todos mis planes para adelgazar.
(...) El antropólogo Thomas Findelbaum disecciona la cultura contemporánea y sentencia que la mitología del triunfo es un error de apreciación que debemos subsanar, con el ahorro consiguiente del gasto mundial en ropa de marca y gomina. A partir del estudio de cien personas agraciadas con el premio de la lotería llega a un escalofriante dato: el 99% de ellas son infelices, carecen de familia y amigos fiables, sufren problemas de alcohol o drogas y padecen o han padecido alguna enfermedad venérea. (...)
Y va mucho más allá: el 89% de los grandes literatos modernos nunca fue premiado ni reconocido antes de los 40 años, sin embargo el 97% de todos los premiados antes de esa edad, aunque fuera con una ridícula mención en un juego floral de su pueblo, no ha llegado a escribr una sola línea memorable. Y aporta un dato científico: en el momento de recibir un premio o lograr un éxito (incluido el Nobel), la autosatisfacción y el pedestalismo social provocan en el cerebro del ganador una reducción de neuronas del 25%.
Por supuesto, su ensayo se apoya también en experiencias personales. El caso de Tom Jospiterra Burns, un periodista que tras recibir el Premio Pulitzer perdió a su mujer, su trabajo, sus amigos y un 77% de sus neuronas. O el de James Cocorican que tras ganar el trofeo de pesca de Alabama jura que existe una confabulación internacional de truchas en su contra. O el de 737 ganadores del premio Oscar que desde entonces no han vuelto a rodar una buena película.
(...) Puede que Findelbaum tenga razón (...que pertenecemos a una cultura concebida para la derrota y no para el triunfo como erróneamente se nos trata de converncer) y, en el fondo, jugamos a la lotería para perder, rezamos para que no nos concedan ningún premio, practicamos deportes en los que hacemos el ridículo y votamos a candidatos que siempre pierden las elecciones. (...)
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