
Del mismo color que la pared del cuarto
tu piel
rozada por la manta que tiene algo de tus ojos
se cuela apenas
por los visillos hasta la mesita de noche
el sol enfermo de noviembre
y deja en tu libreta aún abierta
sobre la cama muerta
notas inconclusas que pergeñan olores heridos
y una música lejana de verbena
de pueblo sin veraneantes.
No vienen los pájaros a tu ventana ya
ni hoy ni mañana
y en las estancias de la casa vacía
las estaciones llenan de cosas de temporada:
musgo, estrías, hojas, flores mustias.
Javier Duarte
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