
En la tienda de comida preparada
Miraba el mar y de pronto hoy no me apeteció cocinar y me fui a una tienda de servicio de comidas. La dependienta preparaba el menu solicitado de una mujer mayor que, lerda, quejosa, se afanaba en alargar su pedido como si el tiempo no existiese, como si sus tripas hubieran olvidado la llamada del hambre o su estómago se hubiera cerrado. Cuando saca su bolso para pagar el menú le dice a la expedita dependienta: "ay qué gorda estoy, a ver si bajo de peso. El médico me ha dicho que tengo que bajar 8 o 9 kilos. Cuando era joven no comía porque no teníamos qué comer ni dinero que había y ahora que puedo el médico me prohibe zampar."
No hay comentarios:
Publicar un comentario