viernes, 13 de noviembre de 2009

Textos y autores



A las 11 a la cama

Tras salir de la bañera, se secaba rauda y veloz pues tenía que estar ineludiblemente en la cama antes de las once y media, último plazo, de lo contrario catástrofe. (Aquella hija de ricos pertenecía a un larga estirpe de delicados, habituados a observarse y a otorgar gran importancia al cansancio, al descanso que lo repara, al sueño que proporciona descanso. Un principio considerado evidente por la tribu de los Auble era el que si se acostaba uno después de las once de la noche, se exponía a sufrir insomnio, pequeña abominación de la desolación. Tal temor a recogerse tarde, transmitido de generación en generación, rayaba en la obsesión entre los Auble hembras, más ociosas que los varones y por consiguiente más proclives a la introspección inquieta, más preocupadas por lo que denominaban ellas su salud nerviosa, procurando siempre no fatigarse, tomar frecuentes vacaciones para hacerse bien, como decía ellas, y sobre todo no acostarse tarde. Así, por la noche, después de cenar, la conversación de bueno tono en el salón solía ser interrumpida por una de aquellas damas, quien, soltando de súbito el tapiz o el bordado, exclamaba sobresaltada: "¡Qué horror, las once menos veinte, si apenas dos da tiempo de asearnos!" (...) Durante su infancia y adolescencia, Ariane d´Auble había observado escrupulosamente la regla de las once, tantas veces repetida por su tía Valérie. Tal respeto infantil no la había abandonado. Con todo, al alcanzar la mayoría de edad, y acaso bajo la influencia de su amiga rusa, había estimado, como muchacha evolucionada, que podía retrasar en media hora el momento de acostarse. Pero después de las once y media, le sobrevenía el pánico al insomnio probable)


Bella del Señor. Albert Cohen. Ed. Anagrama. Pág 139

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