El reloj
Las 10 y 5 en el salón donde hacia los deberes una mañana nitida de verano. Las campanas de la torre de aquel pueblo que marcaban las 3 de la madrugada de vuelta con el sabor de su boca. Las 6.55 del despertador en aquella mañana invernal con la cartera dormida y los ojos pegados aun para coger el autobús del colegio. 15 minutos antes mi madre haciendo el desayuno a mi padre y el trajín de los cacharros en la cocina y el olor a pan tostado. El sol saliendo por el este por encima de los edificios deben de ser las 8. Las 6 de la tarde y ya anochece en una tarde de aguaceros camino de mis clases de solfeo. La hora en los parquimetros. La esfera de hierro de la catedral. Los números digitales en el mobiliario urbano. La misma dependienta taconeando por la calle desolada a punto de abrir la tienduca. El reloj redondo y blanco tras la barra del bar donde tomaba un cafe (siempre corto y sin azucar). Relojes de señora, de caballero en las muñecas esperando en la parada del autobús o comprando el periódico. Tengo una historia en cada posición de las manecillas del reloj. ¿Te la cuento?
No hay comentarios:
Publicar un comentario