
Esos otros gatos malditos
Soy un hombre tremendamente tímido. Es por eso que soy una persona esquiva, que huye de las masificaciones y concentraciones de chismorreos y bulos. Me alejo del centro de las noticias que la gente cree que está en la televisión, periódicos, radios, internet o incluso en el tira y afloja de los arrebatos entre políticos de uno u otro color. Sólo el distanciamiento me da un resultado eficiente de la realidad y siempre me vino bien no hablar por hablar sino más bien escuchar. Todos los periodistas o intelectuales que primero observan, callan y luego alargan la pluma tras un tiempo de juicio y reflexión son verdaderos profesionales de la humanidad y de la realidad. En este grupo es en el que me incluyo...y después de un tiempo apartado de esta columna periodística, he de decir que los políticos mienten; que los banqueros y brokers sólo creen en el dios dinero apilando inmensas fortunas; que a toda esa camarilla inmunda que especula, roba, prevarica, blanquea, promete, vocifera en los foros parlamentarios o políticos, les importa un rábano el ciudadano honrado que se sienta por la noche en la cama de su hijo pequeño mirándole un poco cansado y con amor; y mirando un mucho impotente, atemorizado, decepcionado, rabioso de que exista el hombre de chaqueta y corbata que se sienta en el trono de la prepotencia, la opulencia y el descarado desaire hacia los peones de la sociedad: el ciudadano.
Soy un hombre tranquilo pero acuso a los políticos y a los financieros que olvidan a los más míseros y desprecian la caridad y holgazanean como gatos de angora en un callejón con vistas hermosas dándose opulentos festines.
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