martes, 21 de septiembre de 2010

Casas y rincones que habito



Sólo las vigas conservan los restos de aquel nuestro amor adolescente. La M y la J ungidos por una flecha y un corazón que dejó de latir cuando la casa fue abandonada y luego murió de ruina, de dolor, de adulta, de vieja. A veces, al final del verano, viajo al pueblecito donde el tiempo era eterno y nos amábamos para siempre. Ahora las tejas rotas, las ventanas con telarañas, la puerta astillada. Ya sólo  gatos esquivos guardan aquel desván. Esos gatos que arañan mi alma al igual que lo hizo la erosión de las palabras.

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