Allá dónde el agua baje cristalina a los manantiales donde bañarme desnudo
Volviendo a lo que fui, allá quiero decir para mí mismo:
Fui un hombre bueno. Dejádme a solas con el silencio
De los pájaros, ellos son el consuelo
Del dolor.
Dejadme perderme por las veredas,
Por las frondas ocultas, por los humedales de los bosques inextricables.
Dejad que me abrace
Al último árbol que permanezca en pié como el postrer guerrero moribundo.
Quiero perderme por los campos abiertos donde el canto de la coguta es el aviso de fin de siglo y las nubes es el reloj de sangre en mis entrañas. Dejadme subir a las altas montañas donde Dios es la ternura del hermano pequeño.
Dejádme con la música de mis barrocos en abadías abandonadas entre zarzales e higueras para conversar con mis antepasados y la tierra que se hace cada vez más pequeña y liviana.
Allá donde quede el último árbol, la última rama, la postrer hoja, el pétalo marchito, la tormenta, allá quiero echarme a descansar o sentir el viento eternamente en cualquier ladera, recibir los aguaceros en sierras pedregosas y las nieves perennes en cumbres sublimes. Dejádme amar en la soledad de los crepúsculos los días , los meses, las estaciones, un nombre.
Amar en soledad lo que fui y, por fin, olvidar aquellos ojos que me hicieron nómada.
Javier Duarte

1 comentario:
Que las grandes montañas
te protejan y te salven
Que la mar te consuele y te cure
Yo, tierra adentro, encenderé velas para tí.
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