sábado, 19 de febrero de 2011
Poesía
Poema inacabado
Yo, que ya no creo en lo que escribo,
que miento cuando digo el matiz
de lo que importa, yo, a los veintimuchos
años de mi vida, en Oviedo, declaro
que tienen razón las cosas que escapan,
el humo del tabaco, el aire que respiro,
la vida que huye de mis manos
como agua en una cesta.
Yo, que tengo frío esta noche,
y adivino allá lejos, apartada,
la luz en una ventana de quien no me espera,
yo, que hice todo lo que quise
e hice todo lo que no he querido,
yo tengo por destino lo incierto
y por pasado la nostalgia
de lo que no viví.
En silencio he pensado en el silencio.
El silencio azaroso y pensativo, cruel
cuando alguien espera una palabra mía
(yo no pienso en nada, miro al techo, me adormezco
y sueño imposibles vidas que sobreentiendo).
En silencio he pensado en ti, y en ti
también, mi vida, porque te pierdo y canto
aquello que esperaba tener y no tengo.
Yo conozco la luz en una ventana, de noche,
y el ser que se abriga en esa luz, tan dulce
y rubia cono la luz del sol en el trigo.
Yo conozco la cobardía de los años
y el pie que tropieza en las alfombras
y el ser inoportuno, a deshora, que entra en mí
y ya no quiere salir nunca. Yo, Xuan Bello,
que he pasado la vida leyendo libros
(aquí ya no había vida)
yo, que conozco el mar por lo que escribo
y la luz del día por lo que otros han escrito,
yo fui feliz y fui infeliz, me amaron y amé
con un amor que entrelaza miradas y conceptos.
Paseo por la calle y miro las caras de la gente.
Por la mañana, en las tiendas pequeñas de Pumarín
(donde se cambia la conversación al cinco por ciento),
hablé cortésmente, educado, pedí que la vida no doliese.
Pero la tarde entró al galope y pasaron años,
la tarde entró al galope en mi vida
como un caballo viejo que corre por no parar,
la tarde vino con luces grises y sin llovizna.
La tarde ha traído soledad, versos viejos releídos
con pasión ya fingida. Enmohecidos de versos viejos
que repito aquí,
fingiendo pasión, fingiendo amor, fingiendo ser
estas palabras que digo.
Hubo barcos que vi en el puerto en los que nunca embarqué.
Hubo desiertos que recorrí, en los mapas, con el dedo.
Hubo mujeres que amé, con un amor mudo,
y que siguieron calle adelante, sin verme.
Ambos mundos. Xuan Bello. Ed. Trabe. Pags 163-165
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