Casas y rincones que habito
Donde nos encontrábamos en aquel entonces, el rigor de los inviernos empalidece el corazón pintado y nuestras iniciales. Donde solíamos sentarnos a mirar las estrellas, mi mano en tu frente, tu mano en la velocísima manecilla de mi alma, ahora crecen las calas apuntando hacia aquellas estrellas que, simplemente, en su silencio cósmico, se reían de nosotros.
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