I say a little prayer. Aretha Franklin
Siempre quise despertar a un nuevo día con esta canción. Abrir los ojos y ver encima de mi cama un frugal desayuno, un ventanal enorme abierto mientras las cortinas blanquísimas flotan y aletean con suavidad. Después me veo peinándome, un vaquero ancho y cómodo y una camisa a cuadros. Y en la siguiente escena verme conduciéndome un coche por una larga carretera saludando a las montañas que pasan a mi lado. Un sol brillante y alguna nube anillada en el cielo. En el espejo retrovisor sonrío al mundo pero también mi pasado transcurre, se ve atrás, se va para atrás, alejándose, conforme pasa se aleja, retrocede. Y hasta creo que podría ser un buen epitafio musical para la despedida definitiva. Solo como nací, viajando y explorando el mundo como viví, y yéndome despacio entre montañas, como soñé. Aretha sería un buen nombre para dejarse llevar, dejarse descansar. La palabra aretha podía ser una mujer, un lago, una montaña o un ave...o un recuerdo o un olvido. Aretha tiene el sonido de la paz, del principio, del origen y del más allá. Sigo escuchando la canción mientras conduzco por el universo y en su itinerario hago muchas cosas. Aretha me lo dice: miro las estrellas, un pez profundo, la plaza de un pequeño pueblo, una torre en un otero, el ulular de viento. Hago muchas cosas y siento una brisa despierta en mi frente, un bienestar de otro mundo. Y digo: Aretha, I say a little prayer for you mientras sigo mi viaje.
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