lunes, 2 de marzo de 2009

Musine (9)




Caruso por Luciano Pavarotti

En el invierno de 1991 hice un viaje a Marruecos. Era mi segundo viaje. El anterior había pasado la noche de fin de año en un oasis al sur, Ouarzazate. Tengo unos recuerdos impresionantemente vívidos en mi memoria por los colores, los olores y las extrañas sensaciones de estar imbuído en una cultura completamente nueva y diferente a la mía.
El segundo viaje (también Navidades) decidí quedarme en las montañas del Atlas para subir a su montaña más alta: el Toubkal (4165 mts), el pico más alto de la cordillera.
Zeus castigó a Atlas a cargar con el peso de llevar los cielos sobre sus hombros. Desde entonces se cree que Atlas, convertido en roca, es la gran cordillera del Atlas porque estas montañas eran tan altas que tocaban el cielo.
Así que no podré olvidar jamás que el autobús nos acercó al pueblo de montaña Asni, en un viaje de aproximación a la montaña. Al adentrarnos por las montañas, en el radio cassette del autobús, empezó a sonar el Caruso cantado por Pavarotti. Jamás he sentido un embobamiento tan profundo ante la belleza de la música y el paisaje preciosísimo de nieve. Era un ensimismamiento como entresacado a duras penas de un sueño que no se puede explicar. Era una música compuesta para alguien cuya trayectoria era elevarse, ascender hacia el cielo, hacia la cumbre. Desde entonces Pavorotti es Atlas y Caruso es el Toubkal que conseguí conquistar en dos días debido a no sé a qué ayuda o fórmula mágica de los dioses y de la música que me elevó en sus invisibles hilos hasta la cumbre.