
Más guapa que cualquiera (Sabina, Fito Paez y A. Calamaro)
Noctívago blues-jazz para andar por una playa bajo el cielo blanco de estrellas, en solitaria andanza, porque descalza por la nieve va la vida de soledad mirando al cielo. Siento el frío crujir de las almas acompasadas en el sentimiento tahur de las parejas que se aman transitoriamente. Mujeres que ya no necesitan a los hombres y que los cambias por la compañía necesaria de otra mujer de donde deviene la absoluta necedad e incapacidad de los seres de distinto sexo para necesitarse, para compartirse, para tomarse las horas como se toma el café de las cinco antes de claudicar o preferir ir de compra a una charla en una cafeteria antigua en penumbra.
Maravilloso blues-jazz para capitular, para tomarse la vida en broma muy seriamente. Si oigo esta canción me quedo hasta las letras de créditos finales, perdón, me quedo al piano final que es el paréntesis clausurado de razones verdaderas para levantarse y acostarse sin el empeño de sentirnos eternos, eternamente necesarios. Y con este blues de los tres me sumo a los cincos minutos de esta tertulia vital enredada en arpegios cálidos como supremos antes que a la memoria de los años endebles y engañosos. Si bien, la belleza es personal y nos atrae como la música azul de un blues-jazz.
Se llamaba Soledad y estaba sola
como un puerto maltratado por las olas,
coleccionaba mariposas tristes,
direcciones de calles que no existen.
Pero tuvo el antojo de jugar
a hacer conmigo una excepción
y, primero, nos fuimos a bailar
y, en mitad de un "te quiero" me olvidó.
De Esperanza no tenía más que el nombre
la que no esperaba nada de los hombres,
coleccionaba amores desgraciados,
soldaditos de plomo mutilados.
Pero quiso una noche comprobar
para qué sirve un corazón
y prendió un cigarrillo y otro más
como toda esperanza se esfumó.
Por eso, cuando el tiempo hace resumen
y los sueños parecen pesadillas,
regresa aquel perfumede
fotos amarillas.
Y, aunque sé que no era
la más guapa del mundo, juro que era
más guapa que cualquiera.
Se llamaba Inmaculada aquella puta
que curaba el sarampión de los reclutas,
coleccionaba nubes de verano,
velos de tul roídos por gusanos.
Pero quiso quererse enamorar
como una rubia del montón
y que yo la sacara de la
"calle de los besos sin amor".
Y, mil años después, cuando otros gatos
desordenan mis noches de locura,
evoco aquellos ratosde torpes calenturas.
Y, aunque sé que no era
la más guapa del mundo, juro que era
más guapa, más guapa que cualquiera.
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